jueves, 26 de enero de 2012

Sangrando

Iba caminando. Venía de dejar a Óscar en el karate. Lo ví a lo lejos. Creo que no he hablado nunca antes de él aquí. No quiero usar su nombre real. No sé por qué. Simplemente, no quiero. Y no es que nadie de ustedes lo conozca (me lo encontré en la calle), pero no quiero. Así que, entre nosotros, será Jan ("persona" en toki pona). Jan iba en la Escuela. Actualmente sigue estudiando ahí. Lo ví a lo lejos, y decidí quedarme parado esperándolo. Y me quedé ahí, parado, sin hacer nada, simplemente viéndolo. Creo que aminoró el paso cuando me vio ahí. Estaba concentrado, además, en un reloj que tenía en el brazo. Un reloj rojo enorme. Lo veía fíjamente y lo tocaba con la mano también.

Empecé a recordar cosas de él. Jan siempre me había caído bien. Era el tipo de persona que a mí me habría gustado ser, un poco más, un poco menos quizá. Pero iba conforme al tipo de persona que yo considera "libre", que no tenía calificaciones tan bajas y además sabía divertirse mucho. Era muy animado también, tenía muchos amigos y me caía bien en general, cuando conviví con él en la Escuela.

Se acercó más a mí, y casi cuando iba llegando le grité "¿A dónde vas?". Su aspecto no había cambiado mucho, pero su voz sí. Y, más que su voz, noté su forma de hablar. Se parecía a la de Diego. El tono y la forma de decir las palabras pausadamente, sin muchos ánimos, con la voz baja. Me dijo "No sé". Y me quedé pensando cómo era que no sabía a dónde iba, pero pensé que una persona 'libre' como él podía salir simplemente por salir, sin saber a dónde iba, simplemente a dar un paseo y ver un rato la calle y la gente, a animarse un poco con la brisa y todo eso. Y luego me preguntó a dónde iba yo, y le contesté que a mi casa. Pero en eso, él llegó hasta donde yo estaba y pude ver que no estaba entretenido con su reloj. Tenía una cortada sangrante en el brazo. Peor aún: se estaba cortando.

Tenía una cosita, como un lápiz pequeño de metal, y lo estaba usando para cortarse en el brazo izquierdo, mismo donde tenía el reloj. Verlo cortándose fue... no sé, sentí que el mundo se me venía abajo. Siempre había sido como una especie de ídolo (no ídolo, sino una persona que yo consideraba muy alegre, y pensaba que yo debería ser así) para mí y en ningún momento pensé que podría llegar a cortarse. Le pregunté si le dolía. Me dijo que no, pero yo sé que sí.

Estuvimos parados un momento, sin decir nada yo y él concentrado en seguir cortándose. Además, parecía que estaba alejando la sangre de la cortada, dispersándosela alrededor. Después de un momento empezamosa caminar, los dos juntos, a un paso extremadamente lento. No sabía si poner una sonrisa, una sonrisa triste o quedarme serio. Metí las manos a los bolsillos de la chamarra que traía y volteé a ver al piso, de vez en cuando desviaba la mirada hacia su cortada y la forma en como se alejaba la sangre de ahí. Le pregunté por qué lo hacía. No fue lo primero que le pregunté ni lo primero que le dije, pero no me acuerdo muy bien de todo. Me dijo "por nada". Noté que estaba a la defensiva. No quería contarme mucho. Pero justo cuando estaba empezando a pensar eso, pareció que cambió de opinión. Quizá pensó que igual no iba a volver a verme ya en un tiempo largo, de forma que le serviría para desahogarse un poco o para lo que sea. Me dijo "por sentimientos".

Seguimos caminando. Cuidé muy bien guardar silencio por tiempos prolongados, en espera de que él añadiera algo, cualquier cosa. Porque eso significaría que quería hablar del tema. Pero no lo hizo. La siguiente pregunta importante que le hice fue de qué le servía. No sólo le preguntaba acerca de eso, también le preguntaba acerca de otras cosas y le comentaba cosas distintas. Pero volvía al tema cada tanto, preguntaba las otras cosas únicamente para no parecer tan pesado. Y le pregunté de qué le servía cortarse. Y me dijo "de nada". Y creo que quería llorar, pero no quise voltear a ver sus ojos para comprobarlo. Su tono de voz había cambiado un poco, se había como quebrado.

Algo que me pareció muy importante era que cada cierto tiempo se detenía a pensar "¿A dónde voy? ¿A dónde voy?", y lo decía en voz alta. Y luego seguía un camino determinado. Y siempre daba la casualidad de que yo también iba para allá, quizá también quería seguir hablando conmigo pero estaba dejando que yo tomara el ritmo de la conversación. Sí, gente, una cosa es que ya no espíe a Diego y otra muy diferente que aún tenga esa forma tan analítica de ver los comportamientos de los demás y pensar rápido qué es lo que voy a hacer/decir. Y, bueno, yo había decidido mantenerme serio, más tirando a triste que a serio. Es decir, sin sonrisa, con la cabeza gacha y utilizando un tono de voz también un poco más bajo, más... sombrío (?). Aunque, en cierta forma, estaba yo también triste. Por él, no tanto por mí. Antes de eso estaba un tanto enojado, porque descubrí que Óscar se estaba saliendo de Karate pensando que yo ya me había ido, y estaba enojado, no sé, me enojó eso. Pero cuando ví que se estaba cortando él... fue como que muy, en serio, MUY deprimente. Aún sigo así.

No recuerdo qué otras cosas importantes le pregunté. Estaba muy concentrado en ver cómo se cortaba. Ah, sí, me preguntó si quería cortarme yo, y me tendió el lapicito con el que se lo estaba haciendo. Y entonces se me ocurrió algo, algo magnífico (a mi modo de ver), algo que concordaba bien y que quizá lo ayudaría. Reconocerán éste método porque también dije una vez que lo usaba con Óscar. Tomé el lapicito, y entonces empecé a pasar la punta presionándola contra mi dedo, únicamente para saber cuánto filo tenía. Noté que no era mucho, y que para sacarse la sangre seguramente había estado así un buen rato. Le pregunté cuánto. Me dijo que llevaba 20 minutos. Nunca he sido emo, ni me he cortado (en algunas fases de mi vida me han dado ganas, pero nunca lo he hecho, pensando que realmente no sirve de nada y a fin de cuentas algún familiar se daría cuenta, y realmente no tengo ganas de explicarle nada a ningún familiar), pero para mí 20 minutos es un tiempo considerable. Quiere decir que le importa lo que está haciendo. El simple hecho de cortarse significa ya que le importa lo que hace. Y el que salga a la calle para cortarse, o lo haga mientras se corta, es realmente un grito. Un grito que pocos oyen. Es un "¡MÍRENME! ¡TENGO UN PROBLEMA! ¡ESTOY TRISTE! ¡ESTOY MAL! ¡HÁGANME CASO!". Y que no lo haya dejado de hacer cuando me vio fue como un "¡MÍRAME! ¡NO ME IMPORTA LO QUE PIENSES DE MÍ, MÍRAME! ¡TENGO UN PROBLEMA Y QUIERO SEGUIR CORTÁNDOME AUNQUE ESTÉS AQUÍ, AUNQUE TE ME QUEDES VIENDO, AUNQUE CREAS QUE ESTOY LOCO! ¡NO ME IMPORTA!".

Son cosas que hay que ver. La gente tiene que verlas, digo. Y casi nunca lo hace. Se estaba cortando. En plena calle, para que todo el mundo lo viera. Había salido únicamente a cortarse, sin rumbo fijo. Simplemente, quería que lo vieran. ¿Y cómo sé que salió a cortarse nada más? Porque llevaba el lapicito para cortarse. Si hubiera salido y luego improvisadamente le hubieran dado ganas de cortarse, no habría llevado el lapicito cortante. También tenía una espadita de plástico muy tremendamente pequeña, me la enseñó, pero no tenía filo. Nada de filo. Aunque probablemente hubiera intentado con ésa también.

Y luego le pregunté cuánto tiempo llevaba haciendo eso. Pero ahora no en minutos. Días, semanas o meses. ¿Cuándo había empezado? Me dijo que desde el año pasado. Y entonces le dije "por otra parte, casi acabamos de empezar el 2012". Y me dijo "unos meses", e hizo una pausa. Luego agregó "como desde octubre. Septiembre u octubre".

Entonces sonreí, e incluso hice un tipo de risita nerviosa. No se me escapó, fue a propósito. Él me preguntó qué pasaba, y le dije "nada. Es curioso". Y me preguntó qué, pero cuidé bien no responderle y poner una cara muy seria, muy deprimida también quizá. Practicar frente al espejo ayuda tremendamente mucho, gente. Me preguntó entonces que si a mí me dolería cortarme. Le dije que sí, y que suponía que a él también. Por cierto, en todo lo que vinimos caminando, él seguía cortándose y moviendo la sangre alrededor de su cortada con el lapicito. De vez en cuando se lo quitaba y se lo metía a la boca, se metía la punta a la boca, como para chupar la sangre. En otro lugar, en otro momento, en otra situación también, si se hubiera metido un lapicito a la boca lo hubiera interpretado yo como un signo de animosidad, de libertad quizá. Pero en ese momento era muy sombrío, muy deprimente.

Estaba decidido a llevar ya mi plan a cabo. Y entonces, cuando iba a empezar, me enseñó sus otras cortadas. Había terminado la de su brazo izquierdo y estaba empezando una nueva en el derecho. Y entonces se alzó el pantalón un poco y me mostró varias en la parte del pie que quedaba visible. Parecían hechas con una navaja, y él mismo me confesó que algunas las hacía con ella. "Sólo que hoy no la tengo", dijo. La muestra de esas cortadas extra me dio el valor (de alguna forma) necesario para empezar con mi plan sin cuestionármelo más, y el sentimiento tan profundo de tristeza que sentía por él, por la persona que yo creía que era y por la que era ahora, me permitió poner la cara adecuada para el momento, y hacer todo como debía. Le pregunté si había dejado de usar short. Me dijo que sí "porque se me notan". Y le dije "y supongo que también dejaste de usar camisas de manga corta, ¿no?". Ahí ya pueden ver a dónde le estaba tirando yo. Me respondió también que sí.

"¿Y no has notado algo?", le pregunté. Puse una sonrisa muy leve, como de complicidad, pero sin que dejara de parecer una cara triste. Algo como "sé por lo que estás pasando, y me alegra encontrar a una persona que sepa lo que se siente, pero estoy triste por tí". A mi pregunta de si había notado algo contestó que no. Y entonces yo, que invariablemente llevaba camisa de manga larga y pantalón largo, le dije "yo tampoco los uso". Nótese que no estoy diciendo "yo me corto" directamente. Un simple "yo tampoco los uso". Yo tampoco uso camisa de manga corta ni short, nunca me has visto así, porque no los uso. Pero él, lógicamente, relacionó las dos cosas. Era lo que yo quería.

"¿También tú te cortas?", preguntó. Pareció animarle y sorprenderle la idea de que yo también lo hiciera, de que no fuera él únicamente. Me tomé la molestia de esperar un poco antes de contestar, como indeciso. También aproveché lo que sentía en ese momento e intenté potenciarlo de alguna forma para poner mis ojos llorosos, pero sin sacar ninguna gota directamente. Tenía que dar la apariencia de una persona que no quería hablar mucho de su trauma pasado porque le causaba aún mucha tristeza, que quería mostrarse fuerte también, pero era débil por dentro, por dentro aún tenía ese problema aunque aparentemente lo había superado. Creo que lo hice bien, aunque no había ensayado esa expresión en el espejo. Tartamudeé la respuesta también "S-sí". Como Max, de 3dW4Rd. O peor.

"Me cortaba", le dije. Pensé que no era conveniente decir que me cortaba en éste momento, porque iba a querer ver las heridas. Así que dije que me cortaba. Sabía que eso también dejaría cicatriz, pero estaba confiando en que no me preguntaría por ellas. Y entonces dijo "¿Cuántas cortadas tenías?". Pero lo dijo así como si quisiera ver si él tenía más o menos, como si fuera una competencia y él quisiera ganarme. Le contesté "no... no muchas... no las hacía juntas". Y él dijo "yo tengo dieciséis". Me pareció un número muy grande de cortadas, aunque no fueran grandes. Me dijo cuántas en cada brazo y pierna y parte del cuerpo en específico, pero lo dijo rápido y no puse mucha atención, no recuerdo la distribución. Pero recuerdo que eran dieciséis. Tampoco me las enseñó, sólo lo dijo.

Me volvió a preguntar cuántas tenía. Le dije "como tres. No me hacía muchas, y las hacía separadas, no muy frecuente". Estaba cuidando los ojos llorosos y a la vez seguir volteando hacia el piso, como si no quisiera reconocer lo que estaba diciendo. Supongo que al final él no notó lo de los ojos llorosos, si estaba yo volteando hacia el piso. Pero la voz se me quebró fabulosamente, parecido a la suya. Lo tomé como un extra imprevisto a mi actuación que la haría más creíble, y espero que haya sido así.

Pero él no me dejó terminar mi plan. Pasó un tipo en la otra acerca, Jan lo saludó y me dijo "me voy con éste wey", se cambió de acera, se juntó con el otro tipo y caminaron en dirección contraria hacia donde yo iba. Pensé en terminar mi plan súbitamente y decirle lo que tenía planeado así de golpe antes de que se fuera, pero estaba el tercer muchacho y pensé que sería mejor hacerlo por Facebook después. Porque dudo encontrármelo de nuevo.

Me despedí de él y cuidé seguir caminando con la cabeza hacia el piso hasta que él no pudiera seguir viéndome. Mi plan consistía en decirle que había encontrado una manera de sacar esos "sentimientos" (nótese que dijo que era "por sentimientos"), una manera diferente, menos... dañida para el cuerpo. Ése método lo usé con Óscar varias veces, funciona hasta cierto grado con él, pero no mucho. Pero Jan era una persona más... "normal" que Óscar, se entiende muy bien el término. Así que pensé que con él serviría. Además, lo que ocupaba él es que alguien le hiciera caso, alguien con quien hablar y sacar todo lo que tenía dentro. No lo logré muy bien, pero algo es algo y creo que, de alguna forma, lo ayudé aunque sea un poco. Espero haberlo hecho. Me cae realmente muy bien.

Por Facebook le continué la conversación y terminé mi plan. Él contestó positivamente a todo, excepto a un "¿qué sientes?". La gente que se corta también es muy dada a la reflexión y la introspección, pero de una forma negativista. Al final sienten que su mundo no tiene absolutamente ningún sentido, viven por vivir. Y quizá en ese momento no sabía qué sentía realmente. O quizá no quería hablar de ello. Terminé diciéndole que cualquier cosa que ocupara, estaba por ahí, que me dijera y yo lo ayudaba en lo que pudiera. Me dijo, copy-paste: "okk te avisare si me pasa algO".

No sé si hice lo correcto al meterme tan a fondo con sus problemas personales, al preguntarle todo eso. Quizá se incomodó. Me disculpé por eso también, pero me dijo "ntp x eso" (no te preocupes por eso), y lo tomé bien, como un "no importa, gracias".

Amigos que se corten he tenido únicamente dos, hasta donde yo sé. El primero fue cosa aparte. Para cuando se empezó a cortar, si no me equivoco, él ya no me consideraba su amigo. Y es otra larga historia que no voy a contar ni ahora ni nunca, no por éste blog.

Ésta entrada la escribí el Miércoles 25 de Enero, a mitad de la semana temática. No pienso publicarla hasta el fin de la misma para no interferir con la semana. Sólo quería escribirlo. Tenía que escribirlo.

TréboL

Nota del 26 de Enero: a falta de algo con qué rellenar éste día, la publico hoy. Desentona bastante con la Semana Temática, pero es lo que hay.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Increíble, no se si impresionarme, o compadecerme de ti por tu vida tan rara, digo rara por las cosas que haces y ocultas, eres un tema de conversación te lo digo. Pero igualmente creo que vivir por vivir no es buena manera de expresarlo, creo una persona que vive por vivir disfruta mas que una que "sufre" viviendo

atte. El Psicópata anon que no da comentarios seguido, solo en post interesantes

Trébol dijo...

¡Anon! Un gustazo verte por acá, pensé que habías dejado de leernos hace ya rato. Pero qué bueno que sigues con nosotros ^^.

Quizá está mal expresado, sí, mi culpa. Una vida rara tengo, muy rara y quizá no la más sana del mundo, pero creo que hasta cierto punto me gusta, y habrá que empezar a mejorar algunos puntos nada más, nada grave.

¡Un saludo!