martes, 23 de julio de 2019

Ejercicios espirituales, miércoles

Ayer por la noche tenía bastante sueño, así que decidí no escribir nada y el día de hoy escribir un poco sobre lo que hice ayer. En realidad, el día de ayer no fue tan productivo como hubiera querido, pero creo que tuve dos momentos fuertes de encuentro con Dios, o en los que creo que Dios me habló. Los dos estuvieron conectados. Si quieren, aunque apenas va iniciando la entrada, les dejo a Beto que se siente un poco solo (?) y los veo del otro lado de la entrada para seguir contando mis chocoaventuras (?).

martes, 9 de julio de 2019

Ejercicios espirituales, lunes



Nota: esta entrada fue escrita el 24 de junio. Los hechos narrados en esta serie de entradas ocurrieron en la semana del domingo al viernes que inició con el domingo 23 de junio.

¡Hola!

Ayer dormí un poco más que de costumbre, unas ocho horas, así que hoy me levanté con bastantes ganas de iniciar bien el primer día completo de EE. EE. Nos levantamos alrededor de las seis y media y tuvimos Laudes, la oración de la mañana, a las siete. Siete y media estábamos desayunando y hubo un pequeño tiempo libre, que si no recuerdo mal aproveché para volver a acostarme un rato (xD) y a las ocho y media empezamos con la primera conferencia formal impartida por el P. Armando.

Había estado todo muy bien hasta que empezó a hablar de santidad y me preguntó qué entendía yo por santidad. Usé una definición que en nuestra Congregación es casi un cliché: “hacer bien los deberes de todos los días”. Inmediatamente descalificó mi respuesta, diciéndome: “un musulmán también puede hacer bien los deberes de todos los días, un ateo también puede hacerlo”. No sé por qué esto me molestó mucho, que descalificara mi respuesta e incluso luego la pusiera como ejemplo de que “a veces no entendemos bien qué es la santidad, como esa respuesta de ‘cumplir los deberes de todos los días’”. En realidad, creo que esa frase encierra más de lo que en un primer momento parece, mucho más si la complementamos con “estar siempre alegres en el exacto cumplimiento del deber”. Pero bueno, eso es otro tema. Después de que descalificó mi respuesta la verdad le puse bastante menos atención a lo que estaba diciendo, así que al final ni siquiera sé bien qué tantas cosas dijo durante el tema.

Me he propuesto hacer bien estos EE. EE. porque la verdad los necesito. Se supone que ésta semana tengo que escribir una carta pidiendo la renovación de mis votos religiosos (a partir de ahora, “renovación”), pero aún ni siquiera estoy seguro de querer renovar. Hay muchas cosas que me hacen estar inseguro al respecto. Las contaré, pero antes dejo a Beto porque ya hice demasiado largo el inicio de ésta entrada. Denle clic para seguir – como dicen acá en Guate – de shutes.

viernes, 5 de julio de 2019

El príncipe de Zamunda, parte II



¡Hola!

Ayer por la noche quise venir a escribir pero después me dio una flojera terrible, así que lo hago hoy para relatar algunas cosas que me pasaron y sobre las que estuve reflexionando, y también un poco más sobre Carlos Mendoza, con el que empezó la entrada anterior. Es muy temprano para dejar a Beto pero de todos modos lo dejo aquí abajo y los veo del otro lado.

martes, 2 de julio de 2019

Ejercicios espirituales, domingo

Nota: esta entrada fue escrita el 23 de junio. Los hechos narrados en esta serie de entradas ocurrieron en la semana del domingo al viernes que inició con el domingo 23.

Hoy iniciamos algo que solemos llamar “ejercicios espirituales”. Es un tiempo de más o menos una semana (en éste caso son seis días) que tomamos para dedicarnos a la reflexión, la oración, la meditación, el descanso, el encuentro con Dios y con los hermanos. Todo ésto lo hacemos guiados por un predicador, que da dos charlas al día acerca de algunos temas con un hilo conductor que los une entre sí. En ésta ocasión el predicador es el Padre Armando, al que conocí apenas hoy pero que muchos de mis compañeros ya conocían antes porque había sido director de su comunidad. Cada charla dura alrededor de una hora y viene seguida de más o menos dos horas y media o tres horas de reflexión. Las otras actividades que hacemos son oraciones especiales (más preparadas, menos apuradas, etc) y una especie de compartir por grupos en torno a algún tema que el predicador decida.

Antes de empezar a hablar de los ejercicios espirituales (EE. EE., a partir de ahora [no, no es el HEE HEE del Ayuwoki]), quiero hablarles un poco acerca de lo que he hecho en el transcurso de mi regreso de Panamá y el inicio de estos EE. EE. para que puedan contextualizar un poco dónde me encuentro y cómo. Dejo a Beto aquí debajo y los veo del otro lado.

miércoles, 19 de junio de 2019

El príncipe de Zamunda, parte I



Ya que hoy no hicimos nada que considerara especialmente relevante (sí tuvimos alguna plática con el P. Rómulo y estuve reflexionando algunas cosas durante el día), creo que puede ser un buen momento para platicarles un poco sobre Carlos Mendoza, un asunto que ya había mencionado antes en la entrada del sábado anterior. También porque está ligeramente relacionado con una película que vimos hoy y porque creo que después podré seguir haciendo algunas reflexiones al respecto.

Yo sé que la probabilidad de que ésto pase es prácticamente nula, y en entradas anteriores no me he preocupado mucho sobre proteger mi identidad ni la de la mayoría de personas que menciono en las entradas. Pero ahora soy un religioso (¡como si eso cambiara las cosas!), una imagen pública que no puede permitirse ser motivo de escándalo para nadie. Me gusta este espacio, el blog, porque me permite expresarme tal como pienso las cosas sin que los demás lleguen a enterarse: aunque es público, siempre ha sido un espacio para mí cuando he necesitado abrir las puertas del corazón y entrar en mí, ignorándolos a ustedes (con su perdón, si es que existen lectores (?)). Pero sólo por precaución no daré los datos completos de qué tipo de religioso soy, aunque no sería difícil inferirlo por las actividades a las que nos dedicamos. Mi congregación religiosa será siempre la Congregación y me referiré a mí como religioso, nunca por el nombre que nos llamamos. Lo mismo la Universidad en la que estudio y todo lo que sea necesario. Dejo a Beto y me voy a platicar al Otro Lado (como en Stranger Things).

martes, 18 de junio de 2019

Pláticas, parte II



Ayer dije un poco sobre la plática que tuve con el P. Rómulo. En realidad no fui yo solo el que la tuvo, fue una plática que compartió con nosotros tres que ahora estamos en la comunidad, con Víctor, Chuy y conmigo. La plática tuvo su origen precisamente en el muchacho éste vocacional que vimos por la tarde y que nos hizo un montón de preguntas sobre un chorro de cosas. Hablando sobre él lo que primero salió ayer es que obviamente el muchacho era un poco extraño. Parecía demasiado entusiasta, hablaba mucho y escuchaba poco. Parecía que cualquier cosa que dijeras le iba a emocionar y a hacer reír, y él tenía un chorrísimo de cosas qué hablar sin que tú se lo pidieras para nada. Como lo mencioné ayer, hubo un momento en el que pensé que simplemente él quería llamar la atención.

Total, que hablando acerca de él salió el tema del acompañamiento espiritual. Estábamos en una cafetería a la que el Padre nos invitó, yo estaba comiendo apaciblemente una crepa Montblanc junto con una malteada de vainilla bastante buena. Y entonces el Padre dijo en relación a este joven (que difícilmente pudiera pertenecer a nuestra congregación) que valía la pena haber hablado con él porque "todos los jóvenes TIENEN DERECHO a alguien que los acompañe en la búsqueda de su vocación". Entonces empezó a hablar largo y tendido sobre los directores espirituales.

lunes, 17 de junio de 2019

Pláticas, parte I



Hoy una plática con el P. Rómulo me devolvió las fuerzas que necesitaba para hacer un cambio radical en mi vida... o al menos para intentarlo de nuevo. El problema de ser religioso es que tienes que ser perfecto. La verdad no, pero sí tienes que ser muy bueno. Eres como un ejemplo para todos, y eso para mí a veces se convierte en una carga. Estos últimos meses (quizá desde el año pasado) vengo notando que ser religioso se ha convertido para mí ya no en una alegría, la alegría de donarme, de amar, de estar con Dios y con las personas a las que Dios me envía, sino una cosa que tengo que hacer por obligación, un compromiso del que no puedo zafarme. De repente hacer oración se me antoja pesado y difícil, no se me ocurre nada qué decir cuando estoy a solas en la capilla. Mi oración parece la misma de toda la vida: gracias por este día, perdón por lo que hice mal. Caigo en los mismos pecados todos los días y al final ni siquiera me importa. Hasta un cierto punto me he acostumbrado a verme como insuficiente para esta vida y de todos modos seguir aquí. Vivo no con el temor, sino con la certeza de que no podré mejorar... y, como dice la canción de The Dear Hunter, yet here I breathe.

Pero bueno. Hoy un chavo de aquí de Panamá vino a platicar con nosotros, supuestamente un vocacional. Un joven bastante extrovertido, que hablaba hasta por los codos. Tenía veintiséis años, y empezó hablándonos de Lo que callamos las mujeres y no sé qué otras cosas completamente innecesarias pero que él estaba muy contento de contar. Yo lo escuché, cambiando de opinión miles de veces mientras lo oía. En un primer momento me pareció que era alguien que lo único que buscaba era llamar la atención. Después no estaba seguro. En el medio decidí escucharlo con atención y ser optimista respecto a él, pero me daba cuenta que no era el tipo de persona que puede ser religioso, no en nuestra congregación. Al inicio que contó un montón de cosas me dí cuenta - o me pareció - que la fe que tiene es sincera, hace las cosas por gusto. Nos dijo que rezaba el rosario todos los días, y me consta que ha venido a misa más de alguna vez entre semana. Abro un paréntesis para decir que acá en Panamá he conocido muchachos que vienen a misa TODOS LOS DÍAS, sin compromiso alguno, porque les gusta, porque les queda bien el horario, no sé. Y yo, que tengo la misa en el horario, muchas veces no quiero ir. No es que no quiera, pero es que a veces se me ha hecho también una rutina insoportable.

domingo, 16 de junio de 2019

Ordenando bodegas... y pensamientos



No estoy seguro de cómo vengo hoy, tampoco. Quizá pueda ayudar contar cómo fue el día de hoy.

Durante la semana hemos estado ordenando una bodega que había aquí en el templo. Un chorro de figuras religiosas de todos los tipos: cuadros, imágenes, cristales, tazas, termos... en fin. De literalemente todo tipo. Y hoy hemos sacado a vender algunas. De hecho, iniciamos ayer. Desde ayer me sentí un tanto mal por algunas cosillas que Chuy me dijo, sobre todo eso. Él es mucho de soluciones rápidas, pero poco pensadas. Cuando ayer llegué y quise porponer un tipo de solución distinta y que me parecía mejor fue cuando él empezó con sus comentarios mamones sobre mí y mis ideas, a quejarse y a no decir las cosas.

Hoy en la mañana que desperté no tenía nada de ganas de salir de cama, mucho menos porque sabía que lo que teníamos que hacer era ordenar. Dejé pasar un poco de tiempo antes de levantarme para que Chuy empezara a ordenar él solo de nuevo. No quería ordenar yo junto con él, quería evitar las discusiones. Es más, si hubiera sido posible, hubiera preferido incluso no tener que hablarle. A pesar de eso él parecía un tanto bien dispuesto, pero igual de mamón. No lo hace con mala voluntad, supongo. Pero eso no quita que lo hace.

sábado, 15 de junio de 2019

A veces



A veces me siento solo.

No es sólo a veces, es frecuentemente. Ahora que esoy en Panamá con Víctor y con Chuy también me he sentido solo. Sé que estoy rodeado de gente, sé que tengo muchas personas a mi alrededor e incluso a mi disposición. Sé que me tengo tambén a mí mismo. Y sin embargo, me siento solo.

No pretendo hacerme la víctima: sé que tengo la plena resposnabilidad de lo que yo hago o no hago para dejar de sentirme así, si eso es lo que quiero. Pero...no lo sé. Es quizá una larga historia y ni siquiera sé bien dónde empieza. Es un amasijo de ideas que tengo en mi cabeza.