martes, 18 de junio de 2019

Pláticas, parte II



Ayer dije un poco sobre la plática que tuve con el P. Rómulo. En realidad no fui yo solo el que la tuvo, fue una plática que compartió con nosotros tres que ahora estamos en la comunidad, con Víctor, Chuy y conmigo. La plática tuvo su origen precisamente en el muchacho éste vocacional que vimos por la tarde y que nos hizo un montón de preguntas sobre un chorro de cosas. Hablando sobre él lo que primero salió ayer es que obviamente el muchacho era un poco extraño. Parecía demasiado entusiasta, hablaba mucho y escuchaba poco. Parecía que cualquier cosa que dijeras le iba a emocionar y a hacer reír, y él tenía un chorrísimo de cosas qué hablar sin que tú se lo pidieras para nada. Como lo mencioné ayer, hubo un momento en el que pensé que simplemente él quería llamar la atención.

Total, que hablando acerca de él salió el tema del acompañamiento espiritual. Estábamos en una cafetería a la que el Padre nos invitó, yo estaba comiendo apaciblemente una crepa Montblanc junto con una malteada de vainilla bastante buena. Y entonces el Padre dijo en relación a este joven (que difícilmente pudiera pertenecer a nuestra congregación) que valía la pena haber hablado con él porque "todos los jóvenes TIENEN DERECHO a alguien que los acompañe en la búsqueda de su vocación". Entonces empezó a hablar largo y tendido sobre los directores espirituales.

Mi director espiritual (o acompañante espiritual, como se suele llamar ahora) es el P. Paco, pero la verdad ni me gusta pasar con él ni lo he hecho mucho. SE SUPONE que debería pasar una vez al mes o mes y medio para la dirección espiritual y que me sirviera para tomar decisiones sobre mí, para dar seguimiento a mi proyecto de vida, para empezar a cambiar las cosas para bien. Pero la verdad es que no. He pasado con él a lo mucho dos veces en este año, mi proyecto personal de vida es un fiasco total (no está terminado, y la parte que llevo se queda en el papel porque nunca pasa a la acción). Más o menos pueden darse una idea de qué tan mal estoy respecto a dirección espiritual. Pero es que cuando paso con él, siento que él no tiene ganas de hacerlo. No tiene ganas de que me reúna con él, le estoy quitando su tiempo y no quiere desperdiciarlo conmigo. Él tiene a sus favoritos, y me parece que no soy ni puedo ser parte de ellos. A él le gusta bromear, incluso decirse obscenidades (bueno, chistes de doble sentido más bien) con las personas que atiende. Conmigo no lo hace, quizá por falta de confianza o porque simplemente no me presto normalmente a ese tipo de cosas. Pero en fin. La cuestión es que siento que cuando me da dirección espiritual lo hace más por deber que porque de verdad quiera o porque le caiga bien, entonces casi siento que está contando los minutos suficientes para poder decir que ya está y que me vaya. Igual y sólo es un sentir mío, pero ése es precisamente el problema: es un sentir mío, y no puedo abrirme a que me acompañe alguien que ni siquiera estoy seguro si le caigo bien.

Les digo que la plática de ayer con el P. Rómulo me marcó mucho porque él comentó algo muy particular. Lo que nos dijo fue más o menos así:

"El director espiritual es una persona muy importante. Todo joven tiene derecho a alguien que le acompañe para orientar su vida espiritual, y no puede ser cualquiera. Yo se lo pongo así a los muchachos, es quizá un ejemplo muy gráfico pero sirve mucho para que se den una idea. Su director espiritual tendría que ser una persona frente a la que estén dispuestos a desnudarse. Sí, a desnudarse. Si tuvieras que desnudarte, ¿frente a quién lo harías? Porque a fin de cuentas, lo que uno hace frente a un director espiritual debe ser desnudarse espiritualmente, estar seguro de que puedes contarle CUALQUIER COSA y va a estar de tu parte, no te va a abandonar. Es como un doctor: si va a revisarte y para eso tienes que desnudarte, pues te desnudas. ¿Cómo, si no, sabría el doctor qué tienes y pudiera recomendarte un medicamento u otro? Así también el director espiritual. Todos necesitamos un padre espiritual al que estemos seguros de poder contarle todas nuestras cosas yq eu están seguras con él. Así que ustedes también, muchachos, si no lo tienen ya, búsquenlo".

Esas palabras, mientras él las pronunciaba, casi me hacen llorar. Porque mi director espiritual actual es una persona de la cual desconfío demasiado, no me sirve como tal. Cuando él lanzó la pregunta sobre que frente a quién me desnudaría, mi respuesta era: frente a nadie. O frente a nadie de los que han sido mis directores espirituales últimamente. No lo haría frente al P. Agapito, por más que me haya caído muy bien y sea muy bueno y sepa que puedo comentarle algunas cosas; no lo haría frente al P. Maestro, que también es muy bueno y tiene mucha experiencia y todo lo que quieran, pero no me inspira la confianza suficiente; menos lo haría frente al P. Luis Antonio, del que se puede decir otro tanto. ¿Frente a quién lo hubiera hecho? ¿El P. Jorge, mi director en el aspirantado? No. ¿El P. Alejandro, mi director actual? Quizá, pero aún no estaría seguro.

Se me ocurrieron dos o tres personas, no lo voy a negar. En primera, estoy seguro que en su tiempo hubiera podido hacerlo frente a Rafa. Sí, Rafa, mi amigo de la Prepa. Le he estado dando algunas vueltas últimamente a la amistad que tuvimos - aunque me estoy desviando del tema, me lo permitiré unos momentos -, y me doy cuenta que un primer momento fue una amistad realmente muy buena y que me ayudó mucho. Era lo que yo necesitaba en ese momento para no aislarme del mundo. Fue un amigo de verdad, y eso se lo agradezco mucho. Lo que pasó después fue culpa de ambos, pero la parte que me corresponde a mí de la culpa quizá no la había sabido identificar bien, hasta ahora. Yo fuí demasiado aprensivo y quería de alguna manera cortar su libertad. En un cierto punto, creo que quería que él hiciera SÓLO lo que a mí me parecía y que estuviera SÓLO conmigo. Quise aprensar su amistad y no soltarlo jamás, porque sólo lo tenía a él de amigo. En un primer momento él, paciente, me lo permitó; después, por supuesto, surgieron los conflictos. Y por supuesto que yo no tenía derecho a hacerlo, y me lo hizo saber. Hay unas escenas de la amistad con Rafa que recuerdo bien y que sería interesante releer ahora que soy más grande y me he hecho otra idea de las cosas que pasaron entonces, pero supongo que si lo hago, será en otra entrada porque en ésta ya me desvié mucho.

La cuestión es que hubo momentos de la amistad con Rafa en que sentía que podía decirle cualquier cosa e iba a estar bien. Aún así, no me mostré completamente como era, siempre hubo un rasgo de mí que no sólo le oculté, sino que le mentí sobre él. Fue el único, pero fue. Ahora sólo tengo que pensar en otra persona con la que me relacione con el nivel de confianza que tenía a Rafa, con la que me sienta como me sentía con Rafa en ese momento. Como dijo el Padre, alguien a quien sepa que puedo contarle cualquier cosa y "va a estar de mi lado", no en el sentido de diciéndome "ah, qué bueno que lo hiciste, eso era lo correcto", sino que a pesar de tener que corregirme esté ahí conmigo, que no me deje, incluso que no me juzgue como persona, que no dude que tengo buena voluntad aunque caiga una y otra y otra vez.

La otra persona en la que pensé fue en Walter, el hermano de primer año con el que he empezado a llevarme y nos hemos llevado bien. Walter, a pesar de ir más atrás en la formación que yo (por un año), es unos meses más grande que yo. Somos más o menos de la misma edad, pero venimos de experiencias completamente distintas. Él es muy abierto a platicar de todo, muy sencillo, no es nada complicado. No se pone de mamón como dije de Chuy, y eso me da cierta confianza. En realidad, el problema con Chuy es que casi nunca sé qué putas está pensando o cómo va a reaccionar ante lo que yo diga o haga. No sé. A veces es como si ni siquiera lo conociera.

Pero bueno. La tercera persona en la que pensé sí era un Padre. El P. Fello, que estuvo acompañándome durante mi aspirantado. Aunque se suponía que mi director (por ser director de la comunidad) era el P. Jorge, en realidad el que me guió y sostuvo en muchos momentos en mi aspirantado fue el P. Fello, que era muy cercano a mí y con quien compartía las mañanas cuatro veces a la semana. Es un Padre relativamente joven, animado, dinámico, muy apostólico. Un Padre al que aprendí que podía contarle cómo me sentía en la comunidad, ser yo sin tener que ocultarle nada. Él también fue mi confesor, y la última vez que lo vi quise confesarme de nuevo con él. Creo que, si hay alguien que pudiera ayudarme ahora que me encuentro en ésta crisis, esclarecerme el camino y acompañarme, es él. Para mí es algo así como mi última esperanza, más ahora que está pronta mi renovación (o no) de votos.

Así que ayer por la noche le mandé un mensaje por Facebook, pero no me lo ha contestado. Me fijé que también en el Prenoviciado le había mandado ya un mensaje... y tampoco me lo contestó. Ni siquiera me lo dejó en visto. No puedo culparlo porque yo hago exactamente lo mismo en muchas ocasiones, pero ésta vez de verdad quiero platicar con él... y espero que él quiera hacerlo conmigo. De verdad lo espero, así que voy a insistir. Veré si puedo conseguir de alguna forma su número de celular para mandarle un mensaje de WhatsApp o algo. Ya les contaré qué tal fueron las cosas.

Bueno, ya fue suficiente por hoy. Nos vemos mañana, a ver qué pasa. Hasta la próxima!

TréboL

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