martes, 2 de julio de 2019

Ejercicios espirituales, domingo

Nota: esta entrada fue escrita el 23 de junio. Los hechos narrados en esta serie de entradas ocurrieron en la semana del domingo al viernes que inició con el domingo 23.

Hoy iniciamos algo que solemos llamar “ejercicios espirituales”. Es un tiempo de más o menos una semana (en éste caso son seis días) que tomamos para dedicarnos a la reflexión, la oración, la meditación, el descanso, el encuentro con Dios y con los hermanos. Todo ésto lo hacemos guiados por un predicador, que da dos charlas al día acerca de algunos temas con un hilo conductor que los une entre sí. En ésta ocasión el predicador es el Padre Armando, al que conocí apenas hoy pero que muchos de mis compañeros ya conocían antes porque había sido director de su comunidad. Cada charla dura alrededor de una hora y viene seguida de más o menos dos horas y media o tres horas de reflexión. Las otras actividades que hacemos son oraciones especiales (más preparadas, menos apuradas, etc) y una especie de compartir por grupos en torno a algún tema que el predicador decida.

Antes de empezar a hablar de los ejercicios espirituales (EE. EE., a partir de ahora [no, no es el HEE HEE del Ayuwoki]), quiero hablarles un poco acerca de lo que he hecho en el transcurso de mi regreso de Panamá y el inicio de estos EE. EE. para que puedan contextualizar un poco dónde me encuentro y cómo. Dejo a Beto aquí debajo y los veo del otro lado.

Bueno, nuestra estancia en Panamá terminó ayer, sábado. Alrededor de las 4:30 de la tarde entramos al aeropuerto para registrarnos y el avión partió como a las 7:00 pm con rumbo a Guatemala. Siendo sinceros, yo ya tenía ganas de que la experiencia terminara porque ya había estado demasiado tiempo con los hermanos que me tocó compartir, Chuy y Víctor. Antes yo pensaba que cuando estaba mucho tiempo pegado a otros hermanos y sólo con ellos, la relación se viciaba y terminábamos peleados o enojados, pero ahora me doy cuenta que no. Yo pensaba eso porque hace como dos años estuve en otra comunidad pequeña durante cuatro meses, con Chuy y Ángel, y la mayoría del tiempo estábamos juntos. Y de nuevo los problemas no tardaron en estallar porque estábamos SIEMPRE juntos. Ahora que venimos a Guatemala, la comunidad donde estamos actualmente estudiando está conformada por 19 hermanos de más o menos nuestra edad, hermanos jóvenes. Y en el tiempo en que llegamos nosotros, éramos aún más, creo que 24 ó 25 hermanos. Digamos que el menú era más amplio, había más hermanos entre los cuales escoger con quiénes querías juntarte y a quiénes preferías evitar. Eso a mí me ayudó mucho, pues llegué de mi experiencia de comunidad con ellos dos buscando estar CON CUALQUIER PERSONA excepto con ellos. Ser tantos hermanos juntos me permitió desentenderme en buena parte de Chuy y Ángel durante unas semanas mientras trataba de sanar algunas heridas, y después volver a acercarme a ellos con una sonrisa y dispuesto a volver a iniciar.

El caso es que en las dos experiencias que tengo de ir a comunidades tres semanas durante las vacaciones ha pasado lo mismo. Termino hastiándome de alguno de los hermanos con los que nos envían. El año pasado me ocurrió con un hermano de apellido Tiul, y éste año con Chuy de nuevo. No quería estar con él, no quería escucharlo, ni hablarle, no para que me tratara como lo hace cuando se pone, como ya les dije, de mamón. Por eso llegué a pensar que estar demasiado tiempo con un hermano, fuera el que fuera, hacía que terminara mal con él. Pero entre hoy y ayer me he dado cuenta que ésto no es cierto.

De camino en el avión no sé por qué empecé a pensar en muchas cosas que me parecieron muy tristes. Me recordé de mi relación con Rafa de nuevo, del día que él intentó suicidarse, de cómo me sentía, del nivel de confianza que hubo alguna vez en nuestra amistad. No sólo me recordé de él, sino de los amigos que había tenido antes. Me acordé de SebaXL, del que no recuerdo si les he platicado algo. Y precisamente, también de cómo llegó a ser mi relación con Chuy, quien me apoyó en algunos momentos duros de la formación. Sin embargo, al final de alguna manera terminé corriéndolos a todos de entre mis amigos. SebaXL me dejó, o lo dejé, o las dos. A Rafa quizá pudiera decirse que lo obligué a olvidarse de mí. Y Chuy se convierte cada vez más en un extraño para mí: ahora se junta con otros hermanos, veo que disfruta más la compañía de ellos que la mía (con ésto me refiero a que ya no le gusta tanto estar conmigo), de repente se tiene secretos con otros hermanos de los que no soy partícipe. Yo también me he alejado de él.

En el avión, por un momento, sentí como si yo no fuera capaz de mantener una amistad de verdad. ¿Qué estaba haciendo mal? ¿Por qué no se quedaban conmigo? Pensando en estas cosas me sentí muy mal y hasta se me cayó una lágrima, que procuré limpiar rápidamente para que nadie a mi lado (Chuy y Víctor) la notara. Funcionó.

Llegamos a la casa en Guatemala y ya había ahí algunos hermanos. Desempaqué, medio cené y al final me encontré con Walter (en realidad, me lo hice encontrar), el hermano que ya he mencionado algunas veces con el que he empezado una nueva amistad. Mi amistad con él nació demasiado espontáneamente. Yo tenía en general una mala concepción de él y de su grupo, pues no habíamos vivido juntos. Cuando yo llegué a Guatemala en enero del año pasado, ellos no vivían en la casa (la casa es prenoviciado y posnoviciado, pero no es noviciado). Se habían ido al Noviciado a otro país y por eso no los conocía. Sin embargo, ellos ya habían hecho su prenoviciado en la casa y los posnosvicios que eran nuestros compañeros sí los conocían, y la gran mayoría hablaba cosas bastante malas de ellos, de esas que no le dejan a uno ganas de conocer a nadie de ese grupo. Así que cuando ellos llegaron en enero de éste año para iniciar su posnoviciado, no me emocioné demasiado.

Pero no sé en qué momento las cosas cambiaron. Me dí cuenta que no eran tan malos como me los habían pintado. De hecho, con todos ellos me llevo bien. Pero he desarrollado una amistad particular con Walter porque ha sido el que me ha acompañado en algunas locuras que he empezado por ahí. Quizá nuestra relación empezó por culpa de la materia de Metafísica. Ésta es una materia de la universidad bastante difícil por el profe que la da, al cual no le interesa para nada que el alumno aprenda, sino que se confunda todo (quizá exagero, pero no mucho). Es decir, la materia es difícil y el tipo no la explica como se necesita para entenderle. Nos puso a analizar a Heidegger justo iniciando el curso, cuando ni siquiera hemos visto nada de la Filosofía Moderna ni Contemporánea. Y ese “nos puso a analizar” quiere decir que nos dio un texto para leer y despuesito, sin explicar nada, nos aplicó un examen sobre LA PUTA INTERPRETACIÓN DEL TEXTO.

Total que en la casa empezamos a hacer grupos de estudio de Metafísica, y después de que los que estudiaron en mi grupo sacaran 4/5 en un examen (una calificación bastante alta, pues el promedio en los primeros exámenes era más o menos el 2.5/5, y prácticamente nadie había alcanzado el 5/5), Walter empezó a estudiar con nosotros. Así que tratábamos juntos de desentrañar qué cosas quería decir el mugre Heidegger con su mugre verdad óntica y verdad ontológica y la diferencia ontológica que es el no entre el ser y el ente y un montón de perplejidades lingüísticas como las llamaría Carnap después (no recuerdo exactamente si fue Carnap). Eso nos acercó un poco. Pero algo que me sentó muy bien y me hizo también intentar acercarme un poco más a él fue una vez que él se me acercó y me agradeció, porque según dijo, “había sentido que había sido especialmente cercano a él esa semana en algunos gestos”. La verdad yo no me había esforzado por ser cercano a nadie, así que no sé en qué “gestos” lo notaría, pero me sentí bien de que él se sintiera bien conmigo.

Eeeeeeeeeeeen fin, regresando a lo que les decía hace como dos o tres párrafos, la noche del sábado que llegamos a Guate me encontré con Walter en el comedor. Ya lo había encontrado antes, pero no sé por qué cuando lo vi no quise ir a saludarlo. Me sentía hastiado del viaje con Chuy ahí tratándome como si fuera yo un pendejo de mierda. Estaba mal, sí. Y a pesar de que sabía que quería ir con él para platicar, para saludarlo al menos, no fuí. Esperé que él viniera a mí y lo saludé, y simplemente eso me hizo sentir un poco mejor porque sabía que por fin había una persona con la que podía contar, que no iba a hacerme caras raras, a portarse mamón conmigo y a hacerme sentir mal, como si no fuera yo suficiente para estar con él, no sé.

Retomando por tercera vez lo que les venía diciendo (xD), me encontré con Walter en el comedor y él fue el que me preguntó qué iba a hacer. POR SUPUESTO (:P) que le dije que no tenía nada planeado (es para mí – aunque no debería serlo – otra forma de decir “quería estar contigo, platicar, jugar, hacer algo”). Así que él me dijo que habláramos un rato y me pareció buena idea. Platicamos un buen rato, iniciamos como a las once de la noche quizá y estuvimos prácticamente hasta la una de la madrugada. Contamos cómo había sido nuestra experiencia en los distintos lugares donde estábamos, yo en Panamá y él en Honduras. Después cómo nos habíamos sentido, cómo estábamos de ánimo, él me contó un encuentro que tuvo con un amigo y la conversación cambió a temas como el aborto, la comunidad LGTB, la filosofía, la pastoral juvenil, un poco de todo. Toda la conversación la disfruté, me hizo sentir de nuevo en casa, en comunidad, recibido, incluso valorado. Va a ser casi como lo que me pasaba con los muchachos que yo animaba y de los que alguna vez les llegué a platicar, del grupo ads. Cuando yo estaba con ellos me sentía muy bien porque sentía que a ellos les gustaba estar conmigo, me invitaban para acá y para allá, me pedían algún consejo, me escuchaban también. Compartían el tiempo conmigo y no se avergonzaban de mí, al contrario. Yo también los sigo queriendo muchísimo a esos jóvenes.

Y hoy, después que terminó el día, de nuevo he vuelto a platicar con Walter otro rato. Hemos empezado jugando Scrabble Dash un rato, dos partidas, alrededor de veinte minutos. Y después empezó la platicadera. Algo sobre cómo empezaba él estos ejercicios espirituales, cómo los inicio yo también, algunas viejas cosas sobre el Noviciado y la formación, la dirección espiritual, la renovación de votos religiosos que ambos tenemos que pedir, yo ya ésta semana y él hasta noviembre. Algo también sobre un apostolado que estamos llevando a cabo. En fin, ha sido también una plática que me ha gustado mucho. Sobre todo, lo que me gusta de éstas pláticas es que siento que no tengo que preocuparme de lo que estoy diciendo. Cuando hablo con Chuy a veces siento que necesito medir mis palabras, tengo miedo de lo que él va a contestar y de la manera en que va a reaccionar. Con Walter no. Sé que puedo decir las cosas como las pienso, sin pasarlas por filtros. Y quizá no siempre esté de acuerdo conmigo, quizá incluso a veces tenga que corregirme, pero al menos sé que no me va a hacer sentir así, como si yo fuera un idiota, como si no entendiera nada o como si él hubiera preferido no haber tenido esa conversación. A veces es así como me siento cuando estoy con Chuy. Y me duele, claro, porque no lo merezco. Me siento indignado, rebajado en mi dignidad. Y como me duele, mi reacción para no sentirme herido es empezar a herir también. Cerrarme, ponerme como un escudo sobre lo que estoy sintiendo y salir al ataque yo también.

Fue así como hoy me dí cuenta que el mucho estar con una persona no vicia mi relación con ella. Es el sentirme como me siento cuando estoy con Chuy lo que la vicia.

Creo que uno de mis principales problemas es ése: no he podido mantener hasta ahora un amigo fijo, en el que sepa que puedo confiar, con el que me guste estar, lo disfrute y sepa que de verdad SIEMPRE puedo contar con él. Daría muchas cosas por alguien así, que me acompañara, porque de verdad lo necesito para no sentirme solo. También son muy pocas las veces en mi vida en que me he sentido comprendido de verdad, alguien que me haya tocado el corazón por haber sentido que estaba conmigo, que sabía exactamente cómo me sentía y que me apoyaba. Creo que eso también lo necesito. Sólo una o dos veces he llorado en el hombro de otra persona. Creo que eso también lo necesito.

En fin, así y preguntándome si realmente es buena idea renovar inicio mis ejercicios espirituales. Ahora son alrededor de las diez de la noche y debería ir a dormir para aguantar mañana el trajín espiritual (?) del día, así que aunque tengo algunas otras cosas para contar, supongo que los dejaré aquí. La entrada también ya es bastante larga, más de 2,250 palabras (?). Mañana será un día (eso espero) de mucha oración y encuentro con Dios y con los hermanos para mí. Nos vemos mañana, ya les contaré qué tal me sigue yendo. Au revoir!

TréboL

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