A veces me siento solo.
No es sólo a veces, es frecuentemente. Ahora que esoy en Panamá con Víctor y con Chuy también me he sentido solo. Sé que estoy rodeado de gente, sé que tengo muchas personas a mi alrededor e incluso a mi disposición. Sé que me tengo tambén a mí mismo. Y sin embargo, me siento solo.
No pretendo hacerme la víctima: sé que tengo la plena resposnabilidad de lo que yo hago o no hago para dejar de sentirme así, si eso es lo que quiero. Pero...no lo sé. Es quizá una larga historia y ni siquiera sé bien dónde empieza. Es un amasijo de ideas que tengo en mi cabeza.
Chuy era un buen amigo mío. Bastante bueno, en algún momento fuimos muy cercanos. Pero él es complicado. No sabría explicar exactamente a qué me refiero con complicado, pero no es simple, no es sencillo. No es asertivo. Es un payaso, es mamón. Mamón en el sentido de sangrón. Y Víctor se ha dado cuenta que de repente peleamos y discutimos en serio, y se pone a cantar. OTRO DE SUS PUTOS CANTOS. También pienso en él, pues. Seguramente ha de ser enfadoso estar entre dos personas que discuten entre sí, incómodo. Con el canto pretende relajar un poco el ambiente, cambiar de tema. También le ayuda a no tener que tomar partido. Pero creo que a veces se debe tomar partido.
No estoy diciendo que yo sea lo mejor de lo mejor, y lo sé. También yo soy algo necio, soy sangrón, soy payaso con muchas personas, en especial con los hermanos. Con Alán, quizá con Salvador y Walter. Con Cristian, con el mismo Chuy. Es porque he ocultado mis sentimientos, y bastante. He querido enterrarlos y la mejor manera de hacerlo ha sido ridiculizando e ironizando en extremo, pero ahora, ¿cómo regreso?
No me gusta sentirme solo. Pienso en Walter porque creo que él me ofrece una amistad sincera, sin complicaciones como las que Chuy pone. A veces tengo ganas de decirle a Chuy más de alguna cosa de verdad que tiene, enojado, muy digno yo quizá. Porque él se pone en plan mamón y dice cosas que me hieren. Me recuerdan un poco a Uriel, el puto tirocinante que encontré en mi aspirantado. IDIOTAAAAAAAAAAAA. Eso quiero gritarle en su cara, mientras le saco el dedo medio. Claro, eso no sería propio de mí. Pero a estas alturas ni sé qué cosas son "propias de mí", ni me interesa mucho guardar la imagen que me creado de persona santa e inmaculada. Me interesa empezar a ser más real. Sólo que hay una cosa que no me deja: la costumbre.
He empezado a hacer cosas que no debería, desde hace tiempo. Quizá más bien nunca las dejé de hacer. No, no es verdad, sí que las dejé de hacer. He estado empeorando. Hace un tiempo contacté por WhatsApp a Carlos Mendoza porque me sentía solo. Quería tener un amigo, uno que no supiera que era formando. Quizá porque de alguna manera pensaba (¿o pienso?) que siendo formando e incluso siendo religioso uno no puede tener verdaderas amistades. Me refiero a amigos como los que tenía antes de iniciar el proceso. Me refiero a amigos como Rafa, en el tiempo en que éramos buenos amigos, salíamos para acá y para allá, platicábamos, me invitaba a su casa. Nos divertíamos juntos, podía contarle mis cosas y trataba yo también de estar siempre para él. Me sentía acompañado y querido. Eso era para mí un amigo. Y ahora que estoy en la formación no he podido recrear una amistad como esa, ni siquiera con los hermanos, ¡y eso que vivimos juntos!
Me pongo a pensar en la muerte de los religiosos. Es cierto lo que dicen algunos: vivimos juntos sin querernos, y morimos sin llorarnos. No he aún visto a ningún religioso de mi congregación llorar en la muerte de otro. Eso me hace reflexionar. Y yo mismo sé que sería difícil para mí llorar si muriera algún hermano: ¿el P. Paco? ¿el P. Alejandro? ¿El mismo Ángel, Chuy, Abraham? ¿Por quién lloraría?
¿Llorarían ellos si muero? ¿Por qué lo harían?
Yo sé por quién sí lloraría. Lloraría por Walter. Del año pasado lloraría por Telésforo, quizá por Leonidas. No sé.
Ni siquiera sé cómo escribir. Tengo todo lo que siento hecho un relajo y necesito desahogarlo, pero ¿cómo? No sé por dónde empezar, no sé por dónde continuar, no sé dónde voy a terminar. Hoy ha sido un día pesado. No he querido pasarlo con Chuy y Víctor por completo, y me he alegrado de no hacerlo. He terminado de leer En el blanco, de Ken Follet. Buenísima. He jugado The Witness, un videojuego al que le traía ganas desde hace tiempo. Muy bueno también, y aún me falta muchísimo. Necesito hacer más de estas cosas.
Pero a la vez necesito dejar de sentirme solo. Y por sobre todas las cosas necesito retomar mi relación con Dios, mi fe. Con estos elementos tengo suficiente para una novela.
Bienvenidos al primer capítulo.
TréboL
No hay comentarios:
Publicar un comentario