domingo, 28 de junio de 2020

Sic ego creatus sum, parte III


Hola. Hoy vengo para continuar con las entradas de Sic ego creatus sum.

Ya hablé en general de cómo ha sido mi trabajo con el psicólogo y los ejercicios que he venido realizando, así que por fin ha llegado el momento de tratar el tema de la masturbación y la pornografía. Lo trato en el blog sabiendo que siempre ha sido un lugar privado donde he podido expresarme sin problemas, y donde si algún día alguien me lee, lo hará buscando comprenderme y no juzgarme, espero.

Cuando empecé a tratar el tema del cuerpo con el psicólogo, en general todo lo relativo a la parte afectivo-sexual, fui yo el que se lo pidió. Literalmente le dije que quería abordar el tema en relación a la pornografía y masturbación. Cuando se lo dije le pareció curioso, y empezó la cuestión por ahí. No recuerdo ahora exactamente cómo se desarrolló la sesión, o aquéllas sesiones en las que fue un tema fuerte de conversación, pero sí recuerdo el resumen que se me quedó en la mente: él dice que la masturbación ni es pecado ni es algo necesariamente negativo si se puede integrar en la vida sin otro problema. Aquí hay varias cuestiones, que dejo a Beto y me voy a tratar del otro lado de la entrada.

Para empezar, la masturbación es un tema extraño sobre el que he reflexionado ya en algunas ocasiones (nunca de forma escrita, ésta es la primera vez). Lo digo así porque en la masturbación realmente no es como que se le haga daño a alguien, entonces desde mi punto de vista no hay motivo para considerarlo un pecado ni algo moralmente malo. El psicólogo me decía: "si yo puedo acariciarme la cara, los brazos, las piernas, y se siente rico, ¿por qué no voy a poder acariarme también el pene, darme un masaje? Si también se siente rico". Fue un show xD. En realidad varias de las cosas que él comentó ya me había dado cuenta yo mismo, o están relacionadas también con lo que yo pienso. Pero la cuestión es que el impulso sexual es a veces demasiado fuerte, no se satisface con la masturbación, espera de uno cada vez más para ser saciado. Eso me ha llevado a la pornografía, que es algo a lo que he recurrido con cierta frecuencia y por intervalos a lo largo de mi vida desde prácticamente los trece o catorce años. "Por intervalos" quiere decir que no siempre la veo, hay incluso periodos largos de tiempo en los que la dejo a un lado. Incluso durante mi aspirantado se pudiera decir que no me masturbé. De repente no sentía la necesidad, y de repente cuando la sentía era capaz de dominar el instinto y no hacerlo. Aún no sé bien por qué lo logré tan bien en mi aspirantado y ahora no puedo hacerlo.

La cuestión es que viendo pornografía me siento mal. Siento, para empezar, que estoy fallándole a mi consagración como religioso, que soy una mala persona, que estoy poniendo en riesgo muchas de las cosas que amo, para empezar, a mí mismo. Me siento sucio, porque creo que es algo que no debería hacer, es algo que la gente no espera de mí. Supongo que también me siento culpable. Podría hacer el ejercicio de identificar exactamente mis emociones en torno al tema (creo que valdría mucho la pena) pero ahorita en especial estoy bastante cansado. Lo que sí creo es que esto del ver pornografía es intrínsecamente negativo, y no me refiero tanto a la parte moral como a lo que suscita en mí mismo. Creo que la pornografía vende una idea muy equivocada de una relación, invita a actuar a la parte humana más animal ignorando todo lo psíquico-social. Lo sexual incluye también lo específicamente humano. Es más: lo sexual es parte de lo específicamente humano. Creo que el término "sexualidad" nunca ha sido usado para referirse, por ejemplo, a las relaciones sexuales que mantienen los perros o gatos. Es un término, hasta donde sé, propio del ser humano, en el que se incluye no solo el mero acto coital sino todas las características que nuestro ser sexuado imprime a las relaciones que tenemos con los demás, precisamente por ser seres sexuados. Siempre estamos relacionándonos con los demás desde nuestro ser como hombre o mujer (abro un paréntesis - literal xD - para decir que todo el tema de identidad de género entraría aquí también, desde el cual se podría hacer una reflexión filosófica interesante, pero lo dejamos para otro día xD).

Pero en el fondo de la pornografía creo que hay alguna cuestión oculta. Me refiero precisamente al motivo por el cual veo pornografía y aparentemente no puedo dejar de verla. Aunque no la vea siempre, creo que el hecho de no querer verla y de todos modos hacerlo puede significar que hay alguna cuestión detrás de eso que me incita a verla. Sí, muy seguramente contribuya alguna cuestión hormonal, o el placer mismo de la masturbación. Pero creo que hay una cuestión que está de fondo y sobre la que quisiera profundizar después y que ahora solo vislumbro: de alguna manera, creo que el no aceptar mi propio cuerpo me ha llevado a recurrir de alguna manera a la pornografía. Es una cuestión sobre la que quizá profundice después.

Para cerrar esta entrada, uno pudiera decir: bueno, la pornografía tampoco hace daño a nadie, hay gente que trabaja de ello (como Jordi ENP), no hay motivo para considerarla como algo malo. Bueh. En la siguiente entrada de la serie el tema que toca precisamente sería hablar un poco sobre mis relaciones con los demás, haciendo énfasis en la parte corporal-física y también, como dije hoy, cómo me relaciono con ellos desde mi ser sexuado. Espero mañana poder darme el tiempo de realizar este ejercicio de escribir en la mañana, cuando esté despejado y pueda detenerme a sentir bien las emociones que produce en mí. De ahí el brinco temático natural sería a mis experiencias sexuales pasadas, y por supuesto, leerlas desde el cómo me hicieron sentir y cómo me siento ahora por ellas. Bueh. Ahí vemos cómo va quedando. Por lo pronto, nos vemos!

- TréboL

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