Igual continúo con lo que iba narrando ayer en la entrada de Sic ego creatus sum. Ayer me quedé en que el psicólogo me pidió dibujarme desnudo, y que ésto me fue bastante difícil y todo el show. Había dicho entonces que hoy podría contar la cuestión acerca del "cosquilleo en la oreja y el rito de aceptación de la sensación". Bueh. Entre el dibujo y el ejercicio del cosquilleo en la oreja pasó bastante tiempo, porque justo en ese momento llegó la pandemia del COVID-19 y ya no pude seguir yendo al psicólogo. En el medio ocurrieron algunas cuestiones emocionales por las que quise volver a escribir en el blog, pero nunca publiqué nada porque no llegué a terminar ninguna entrada tampoco. Decir a modo de resumen que me la pasé mal, me sentía muy triste, deprimido, poco valorado, poco querido en la comunidad de alguna manera. No sentía que hubiera mucha gente a la que le importara. Hagan de cuenta que sería quizá lo contrario de lo que dije en la entrada La Casa de Francis.
Pero bueh. Pasaron los días y durante ese tiempo también hice algunos pequeños ejercicios de cuidado de mi cuerpo y en general de intentar conectar con él: de repente hice algo de ejercicio, me despertaba un poco antes y salía en una bicicleta a dar vueltas por aquí mismo, en los campos de fútbol. Aunque solo lo hice unas tres o cuatro veces, me sentía bien y me gustaba. Eso por un lado. Por el otro, intenté ver mi cuerpo de una manera nueva, como algo más positivo. Me di la libertad de tocarlo más, de sentirlo, de detenerme a disfrutar de él acariciándome los brazos o las piernas. Descubrí que se siente muy bien pasar con mi mano tocando mi brazo en la parte entre el hombro y el codo, y también tocar mi pierna entre la rodilla y la ingle. En general se siente bien tocar mi pierna, sea como sea. Creo que hacer eso, detenerme a tocar mi cuerpo y permitirme sentir esa sensación sin pensar automáticamente que eso está mal, sino hacerlo a propósito y para disfrutarlo, nunca lo había hecho antes. O quizá sí, cuando era chico y cuando me dijeron que estaba mal y todo el show. Pero la cuestión es que lo he hecho y me gustó, me gusta. Incluso alguna vez acaricié mi brazo con mi propia cabeza, como un gato hace a veces, y me besé. Besé mi brazo en varias ocasiones, intentando de alguna manera enviar a mi cuerpo el cariño que durante tanto tiempo no le di.
Retomando el ejercicio del cosquilleo en la oreja, cuando regresé a la terapia psicológica, de nuevo la pregunta del ¿cómo estás? sirvió para desencadenar un nuevo ejercicio. Esta vez el Padre me pidió que me conectara con mi cuerpo, sintiéndolo todo, sección por sección. Él fue nombrando las partes del cuerpo para que yo tratara de hacerme consciente de cómo estaban, y después me preguntó cómo me sentía. Yo le terminé diciendo que sentía cómo estaba cada parte del cuerpo, pero en realidad no tenía idea de cómo me sentía yo. Entonces me pidió que pusiera mi atención en alguna sensación que estuviera experimentando en aquel momento, y lo único que fui capaz de sentir fue un pequeño cosquilleo en la oreja izquierda. Parece que con eso bastaba, porque entonces me pidió que me enfocara en él, que tratara de sentirlo como plenamente, incluso que le diera una especie de entidad y le diera la bienvenida y le invitara a quedarse y a hablarme, porque a través de él mi cuerpo también me estaba diciendo algo. Así que, aún sintiéndome muy ridículo por tener que decirle "bienvenido" a algo que no es una persona - y peor aún, ni siquiera es material -, lo hice. En realidad también creo que fue algo positivo, y lo he hecho después en otras ocasiones. En esa en particular, me permitió de alguna manera detenerme un momento a explorar la sensación y deleitarme en ella y con ella, y en general creo que me ayudó a grabar un mensaje en mí: mi cuerpo no es mi enemigo. Es mi amigo. Es bueno escuchar qué tiene para decir, sentirlo.
En las otras ocasiones en las que he usado este ejercicio ha sido cuando he experimentado una emoción profunda, o incluso desconocida. Es un poco extraño cómo funciona el cuerpo o la estructura psico-física. No sé cómo decirle. La conexión entre el cuerpo y el alma quizá, aunque esta me parece una visión muy dualista desde que estudio filosofía xD. La cuestión es que una vez también ya me sentí profundamente triste, y en vez de hacer como que no pasaba nada me retiré de los demás para poder seguir sintiéndome triste a gusto, y también le dije a la tristeza: "bienvenida, siéntate, platiquemos". Eso me ayudó bastante, en especial que pude llorar y sentirme bien de estar triste. De alguna manera es también una emoción que puede disfrutarse y de la que se puede aprender. En otras ocasiones me he sentido molesto, enojado. Y de repente también me siento feliz. Ahora que lo escribo me doy cuenta que también ya tiene algo de rato que no repito este ejercicio y creo que no estaría de más, además de que he de seguir cuidando mi cuerpo.
Por hoy creo que aquí dejaré la entrada, porque casi es hora de oraciones y tengo que ir a prepararlas :P. Pero entonces el día de mañana ahora sí espero abordar la cuestión de la masturbación y la pornografía, y que seguir escribiendo me ayude a seguir sanando y trabajando en mí mismo. Nos vemos!
- TréboL
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