miércoles, 5 de febrero de 2020

I built a friend


El nombre de esta entrada lo tomé de la canción, sí. Tenía ganas de escribir algo porque me siento un poco truste e iba a ir a 750words.com pero entonces recordé que acá estaba el blog y que es mejor porque ya tengo trayectoria aquí xD. Entonces supongo que dejaré a Beto para no perder las buenas costumbres y me iré a platicar al otro lado de la entrada.

martes, 23 de julio de 2019

Ejercicios espirituales, miércoles

Ayer por la noche tenía bastante sueño, así que decidí no escribir nada y el día de hoy escribir un poco sobre lo que hice ayer. En realidad, el día de ayer no fue tan productivo como hubiera querido, pero creo que tuve dos momentos fuertes de encuentro con Dios, o en los que creo que Dios me habló. Los dos estuvieron conectados. Si quieren, aunque apenas va iniciando la entrada, les dejo a Beto que se siente un poco solo (?) y los veo del otro lado de la entrada para seguir contando mis chocoaventuras (?).

martes, 9 de julio de 2019

Ejercicios espirituales, lunes



Nota: esta entrada fue escrita el 24 de junio. Los hechos narrados en esta serie de entradas ocurrieron en la semana del domingo al viernes que inició con el domingo 23 de junio.

¡Hola!

Ayer dormí un poco más que de costumbre, unas ocho horas, así que hoy me levanté con bastantes ganas de iniciar bien el primer día completo de EE. EE. Nos levantamos alrededor de las seis y media y tuvimos Laudes, la oración de la mañana, a las siete. Siete y media estábamos desayunando y hubo un pequeño tiempo libre, que si no recuerdo mal aproveché para volver a acostarme un rato (xD) y a las ocho y media empezamos con la primera conferencia formal impartida por el P. Armando.

Había estado todo muy bien hasta que empezó a hablar de santidad y me preguntó qué entendía yo por santidad. Usé una definición que en nuestra Congregación es casi un cliché: “hacer bien los deberes de todos los días”. Inmediatamente descalificó mi respuesta, diciéndome: “un musulmán también puede hacer bien los deberes de todos los días, un ateo también puede hacerlo”. No sé por qué esto me molestó mucho, que descalificara mi respuesta e incluso luego la pusiera como ejemplo de que “a veces no entendemos bien qué es la santidad, como esa respuesta de ‘cumplir los deberes de todos los días’”. En realidad, creo que esa frase encierra más de lo que en un primer momento parece, mucho más si la complementamos con “estar siempre alegres en el exacto cumplimiento del deber”. Pero bueno, eso es otro tema. Después de que descalificó mi respuesta la verdad le puse bastante menos atención a lo que estaba diciendo, así que al final ni siquiera sé bien qué tantas cosas dijo durante el tema.

Me he propuesto hacer bien estos EE. EE. porque la verdad los necesito. Se supone que ésta semana tengo que escribir una carta pidiendo la renovación de mis votos religiosos (a partir de ahora, “renovación”), pero aún ni siquiera estoy seguro de querer renovar. Hay muchas cosas que me hacen estar inseguro al respecto. Las contaré, pero antes dejo a Beto porque ya hice demasiado largo el inicio de ésta entrada. Denle clic para seguir – como dicen acá en Guate – de shutes.

viernes, 5 de julio de 2019

El príncipe de Zamunda, parte II



¡Hola!

Ayer por la noche quise venir a escribir pero después me dio una flojera terrible, así que lo hago hoy para relatar algunas cosas que me pasaron y sobre las que estuve reflexionando, y también un poco más sobre Carlos Mendoza, con el que empezó la entrada anterior. Es muy temprano para dejar a Beto pero de todos modos lo dejo aquí abajo y los veo del otro lado.

martes, 2 de julio de 2019

Ejercicios espirituales, domingo

Nota: esta entrada fue escrita el 23 de junio. Los hechos narrados en esta serie de entradas ocurrieron en la semana del domingo al viernes que inició con el domingo 23.

Hoy iniciamos algo que solemos llamar “ejercicios espirituales”. Es un tiempo de más o menos una semana (en éste caso son seis días) que tomamos para dedicarnos a la reflexión, la oración, la meditación, el descanso, el encuentro con Dios y con los hermanos. Todo ésto lo hacemos guiados por un predicador, que da dos charlas al día acerca de algunos temas con un hilo conductor que los une entre sí. En ésta ocasión el predicador es el Padre Armando, al que conocí apenas hoy pero que muchos de mis compañeros ya conocían antes porque había sido director de su comunidad. Cada charla dura alrededor de una hora y viene seguida de más o menos dos horas y media o tres horas de reflexión. Las otras actividades que hacemos son oraciones especiales (más preparadas, menos apuradas, etc) y una especie de compartir por grupos en torno a algún tema que el predicador decida.

Antes de empezar a hablar de los ejercicios espirituales (EE. EE., a partir de ahora [no, no es el HEE HEE del Ayuwoki]), quiero hablarles un poco acerca de lo que he hecho en el transcurso de mi regreso de Panamá y el inicio de estos EE. EE. para que puedan contextualizar un poco dónde me encuentro y cómo. Dejo a Beto aquí debajo y los veo del otro lado.

miércoles, 19 de junio de 2019

El príncipe de Zamunda, parte I



Ya que hoy no hicimos nada que considerara especialmente relevante (sí tuvimos alguna plática con el P. Rómulo y estuve reflexionando algunas cosas durante el día), creo que puede ser un buen momento para platicarles un poco sobre Carlos Mendoza, un asunto que ya había mencionado antes en la entrada del sábado anterior. También porque está ligeramente relacionado con una película que vimos hoy y porque creo que después podré seguir haciendo algunas reflexiones al respecto.

Yo sé que la probabilidad de que ésto pase es prácticamente nula, y en entradas anteriores no me he preocupado mucho sobre proteger mi identidad ni la de la mayoría de personas que menciono en las entradas. Pero ahora soy un religioso (¡como si eso cambiara las cosas!), una imagen pública que no puede permitirse ser motivo de escándalo para nadie. Me gusta este espacio, el blog, porque me permite expresarme tal como pienso las cosas sin que los demás lleguen a enterarse: aunque es público, siempre ha sido un espacio para mí cuando he necesitado abrir las puertas del corazón y entrar en mí, ignorándolos a ustedes (con su perdón, si es que existen lectores (?)). Pero sólo por precaución no daré los datos completos de qué tipo de religioso soy, aunque no sería difícil inferirlo por las actividades a las que nos dedicamos. Mi congregación religiosa será siempre la Congregación y me referiré a mí como religioso, nunca por el nombre que nos llamamos. Lo mismo la Universidad en la que estudio y todo lo que sea necesario. Dejo a Beto y me voy a platicar al Otro Lado (como en Stranger Things).

martes, 18 de junio de 2019

Pláticas, parte II



Ayer dije un poco sobre la plática que tuve con el P. Rómulo. En realidad no fui yo solo el que la tuvo, fue una plática que compartió con nosotros tres que ahora estamos en la comunidad, con Víctor, Chuy y conmigo. La plática tuvo su origen precisamente en el muchacho éste vocacional que vimos por la tarde y que nos hizo un montón de preguntas sobre un chorro de cosas. Hablando sobre él lo que primero salió ayer es que obviamente el muchacho era un poco extraño. Parecía demasiado entusiasta, hablaba mucho y escuchaba poco. Parecía que cualquier cosa que dijeras le iba a emocionar y a hacer reír, y él tenía un chorrísimo de cosas qué hablar sin que tú se lo pidieras para nada. Como lo mencioné ayer, hubo un momento en el que pensé que simplemente él quería llamar la atención.

Total, que hablando acerca de él salió el tema del acompañamiento espiritual. Estábamos en una cafetería a la que el Padre nos invitó, yo estaba comiendo apaciblemente una crepa Montblanc junto con una malteada de vainilla bastante buena. Y entonces el Padre dijo en relación a este joven (que difícilmente pudiera pertenecer a nuestra congregación) que valía la pena haber hablado con él porque "todos los jóvenes TIENEN DERECHO a alguien que los acompañe en la búsqueda de su vocación". Entonces empezó a hablar largo y tendido sobre los directores espirituales.