Les dejo a Beto (que no es alexitímico) y después de eso empiezo ahora sí a escribir lo que vendría a ser mi entrada.
He estado investigando mucho más de la enfermedad desde hace como una semana en que he decidido, como por vigésima vez desde octubre pasado, darle fin. El problema es que siempre que lo decido se queda ahí, en una decisión, y nunca lo hago. Espero que ésta vez no sea igual, pero parece que tengo otro problema más además de ese que no me permite progresar en mi súper-tratamiento de súper-psicólogo que tengo, y ya sé qué problema es: baja autoestima. Es más, quizá ni alexitimia sea, sino simple y sencillamente baja autoestima, los síntomas son bastante parecidos. En el caso de que fueran las dos cosas, tratando la baja autoestima y corrigiéndola podré tener el camino libre para empezar y completar el tratamiento para la Alexitimia, lo que me llevaría de nuevo y quizá por fin a considerarme una persona normal.
Uno de los síntomas de la baja autoestima consiste en la dificultad para expresar los sentimientos, así que me concuerda. Los demás síntomas también me concuerdan en su mayoría, de manera que también tengo baja autoestima. Quizá de alguna forma tanto la Alexitimia como la Baja Autoestima estén siempre relacionadas, no sé, podría ser. Algo que me interesaría sería empezar a fijar un margen de tiempo en el que los dos trastornos empezaron a afectarme, y creo que fue más o menos por el tiempo de Diego. Cuando empecé con Diego aún no tenía ninguna de las dos, o quizá estaba empezando con alguna. Pero cuando terminé las dos ya las tenía, eso sin duda.
Algo de lo que me he dado cuenta es de que quizá no sea yo el único alexitímico de la familia. Quizá mi padre y mi madre también. Quizá mi hermana también. Quizá toda la familia. Lo estuve revisando l'otro día. Nunca he oído a mi padre que le diga a mi madre que la quiere, nunca le he visto abrazarla ni darle un beso, ni absolutamente nada que pueda darnos a entender que ambos se aman, y que se casaron porque se aman. Mi padre es muy cerrado también, al parecer. Yo recuerdo que cuando era chico mi madre sí nos decía que nos quería, pero... no sé. Quizá no tanto, o no de la manera en que debió haber sido. Un hijo que crece en un hogar donde la presencia del afecto es básicamente nula, crece y tiene alexitimia, y me parece completamente razonable, porque un bebé no sabe nada y todo lo que aprende tiene que aprenderlo de sus padres. Si sus padres no le enseñan a conocer sus propias emociones y sentimientos y expresarlos, el niño se va a quedar sin saber absolutamente nada del mundo emocional y sentimental, y eso desencadenaría sin duda una especie de alexitimia, como lo que yo tengo.
Ahora les voy a contar una historia. Les voy a contar la historia de cuando intenté ser un robot, y de cuando, quizá, lo conseguí. Muchas veces me he preguntado si sí desarrollé la Alexitimia por ese suceso, pero supongo que si aún lo tengo en la memoria por algo ha de ser. Es una historia estúpida, completamente estúpida, pero no más que yo. Es algo que sin duda me afectó desde muchos ámbitos y me hace enojar cada que la recuerdo detalladamente, por más que he querido olvidarla, por más que he querido perdonar a los implicados. En primer lugar, y si no estoy equivocado, me creó o por lo menos me agudizó la alexitimia, junto con un sentimiento de distanciamiento de los demás. También hizo que odiara realmente a mi familia, a toda mi familia, a todas las personas que se supone que uno debe querer porque son sus padres o sus tíos, o todo eso. Me hizo alejarme de ellos.
La historia ya la había mencionado aquí, una única vez y sólo de pasada. Quienes me conocen más a fondo, creo que Gatto, Platei, por ahí alguien más seguro, pero creo que no es nadie que haya leído el blog ni que sepa que exista, ya la sabrán también incluso quizá de memoria. La historia es sobre el Día de Reyes, el estúpido seis de enero. Intentaré resumir la historia. Estábamos en la escuela, tendría yo más o menos 11 años, quizá un pelín menos, unos 10, quizá un pelín más, unos 12, no recuerdo. Era completamente ingenuo yo, completamente idiota, una puta persona crédula de mierda. Y estaban hablando, Cristina con no recuerdo quién. Y decían que los Reyes Magos no existían, y mi PUTA BOCOTA fue y se metió en la conversación diciendo que sí existían. Idiota.
Ellas dijeron que no, yo que sí. Y entonces llegó Evelyn y yo le pregunté si ella creía que existían los Reyes Magos, esperando encontrar apoyo en ella, pero ella dijo que no y entonces yo me quedé confundido y dudoso. Soy un imbécil, la verdad. Ella dijo que no, todos dijeron que no, y esa estúpida costumbre va contra toda lógica, contra todo en realidad. Pero yo no le creí a nadie, sino que fuí y le pregunté a mis padres si era cierto que ellos eran los Reyes Magos. Dijeron que no, y el ESTÚPIDO MONO que era yo prefirió creerles a ellos en vez de al mundo completo. Les pregunté una vez, dijeron que los Reyes eran reales, les pregunté de nuevo, les volví a preguntar y siempre que preguntaba la misma puta respuesta era que ellos eran ellos y los Reyes eran reales. Lo leí en Internet una vez, y aún así les creí más a ellos. Y siempre alegaba con mis compañeros acerca de que ellos existían en verdad, lo hacía siempre, y siempre creí tener la razón, nunca dudé. Nunca dudé de mis padres.
Pero qué pasó? Que yo me estaba aferrando a esa verdad, porque si esa verdad no era cierta entonces yo no tendría razón, y después de tantas alegatas y discusiones con mis amigos en el que el único que apoyaba mi idea era yo mismo, si esa idea era mentira entonces no podría volver a plantarme frente a ellos de la pura vergüenza. No podría volver a verlos a los ojos, y saber que ellos sabían que yo me había equivocado de una forma tan ridícula y que había defendido esa loca idea por tanto tiempo.
Pero entonces lo escuché de nuevo, escuché cómo un señor le decía al peluquero que me estaba cortando el pelo que ya había comprado los jueguetes de Reyes para sus hijos. Y se me vino el mundo abajo. Al día siguiente estallé, el día siguiente era precisamente un cinco de enero. No me contuve, me levanté temprano como loco y empecé a buscar los juguetes, a ver si los habían comprado ya. Me aseguré de hacer tanto ruido como me fuera posible, estaba enojado con mis padres y quería despertarlos y reclamarles por qué me habían estado mintiendo durante tanto tiempo. Pero no era sólo eso, no sólo ellos me habían mentido y ocultado la verdad: toda mi familia, todos los adultos que conocía habían contribuído a esa gran mentira.
Mi madre se despertó primero, y fue enojada a preguntarme qué estaba buscando tan alteradamente. Le dije que nada, y ella me preguntó más enojada que qué buscaba, pero yo seguí respondiéndole que nada durante un buen rato, no sé si estaba llorando yo o qué, no recuerdo bien. Entonces ella me pegó, creo, y me volvió a preguntar qué estaba buscando, lista para volverme a pegar en caso de que volviera a contestar que no buscaba nada. Entonces le pregunté directamente que dónde estaban los juguetes, y ella me preguntó que cuáles juguetes. Y le dije que los del día de Reyes, que suponía que ella los había comprado ya. Y entonces supongo que se me desplomó ahora sí todo para mí. Había preferido hacerle caso a mis padres antes que a todo lo que es lógico y a todo lo que me decían los demás, y ahí estaba la consecuencia, porque mis padres eran unos mentirosos y yo era un pendejo de mierda que se había creído todo lo que le habían dicho simplemente porque eran sus padres.
Eran vacaciones, y no quería volver a la escuela. No quería tener que plantarme frente a mis putos amigos y tener que reconocer que me había equivocado, y tener que soportar sus burlas y tener que platicar con ellos después de tantos disparates y tantas cosas vergonzosas y falsas que yo había sostenido como si estuviera orgulloso de ser el único que creía aún en la existencia de aquellos fantásticos seres. El enojo que entonces sentí con mis padres creo que aún lo siento, aún me enojo cuando recuerdo ese episodio, y de alguna manera supongo que aún no los perdono. Supongo que eso también ha creado una especie de separación entre nosotros.
Pero más aún: en ese momento desee ser un robot, ahí como estaba, llorando y además siendo regañado por mis padres. Regañado porque mi madre creía que estaba siendo demasiado dramático, que me estaba alterando demás, que no tenía por qué llorar. Estaba llorando, y me sentía pésimo, peor de lo que en toda mi vida me he sentido, y entonces desee ser un robot. Y empecé a actuar como un robot, indiferente ante todo, intenté eliminar los sentimientos que tenía, le dí un giro a la razón por la que no usaba manga corta y me dije a mí mismo que no la usaría porque los demás no tenían que saber que no era un robot, sino pensar que lo era, y un robot tenía engranajes y mecanismos adentro, de forma que usaría manga larga para que no le vieran los brazos, porque en ellos no había piel sino circuitos y otras cosas. También me dije que no podía darme el lujo ni de ir al baño en la escuela ni de tomar agua, porque los robots no iban al baño ni tomaban agua. Tampoco mostrar sentimientos. Los robots no tienen sentimientos.
Fue una semana lo que estuve así, creo, antes de entrar a clases, intentando parecerme tanto como pudiera a un robot. Me enfrasqué en la computadora también, no sé si después fue eso o cuándo, pero me enfrasqué en la computadora e intenté entender cómo funcionaba todo dentro de la misma, como un robot que puede comunicarse con otro. Así pues, yo me comunico con la computadora y ésta me entiende, y ése es el por qué soy un adicto a la computadora (?).
Al final creo que de alguna manera logré reprimir los sentimientos, tragármelos todos y quedarme así, alexitímico. Es un mecanismo de defensa curioso que demuestra que la mente es realmente muy poderosa, porque si no quieres tener sentimientos la mente puede bloqueártelos.
Ésta página de acá dice que hay una forma fácil de identificar a un alexitímico, y es preguntándole cómo se sentiría si viera venir hacia él un camión a más de 100 kilómetros por hora. Y sigue: "El psiquiatra indica que mientras la respuesta más habitual es 'me sentiría aterrado o paralizado o echaría a correr', el alexitímico contestaría sin dudar 'no sé', y se quedaría muy tranquilo sin preocuparse por tal cuestión.". Y precisamente sería eso lo que yo haría, creo. Contestar que no sé y no darle muchas vueltas más al asunto.
He estado pensando seriamente en, al final, pasarle el link del blog a una persona de la cual he hablado bastante en las últimas entradas, excepto en la última quizá, desde Púdranse o desde antes de Púdranse he hablado de él: Rafa. No sé, y no sé por qué quiero pasárselo, y quizá sea de nuevo otra especie de obsesión que necesite controlar DE NUEVO antes de que se me salga de las manos. Pero según yo la tengo controlada. Según yo. Entonces, ¿qué es? Recuerdo que hubo un punto de mi relación con el amigo otro de Chile del cual no planeo hablar mucho (?), en la que me pasaba lo mismo. No se trataba de saber muchas cosas sobre él o su familia o nadie en específico, sino que yo quería que él supiera muchas cosas de mí, más de las que nadie sabía. No sé por qué sea eso, pero por ahora prefiero dejarlo de lado para concentrarme en las cuestiones más importantes, que vendrían a ser tratarme por los dos padecimientos que creo que tengo, y sin ayuda externa de ningún psicólogo ni nada.
Pues eso. De eso iba la entrada de hoy, de eso fue la entrada de hoy y ya luego intentaré ver qué más hay. Por cierto, creo que volveré a plantearme el reto de una entrada diaria para el próximo mes, supongo que sirve de alguna manera como consultas de psicoanálisis gratuitas una vez por día, así que me haré un tiempo para retormarlo después de tener éste blog tan abandonado.
Es todo.
¡Un saludo!
TréboL
2 comentarios:
Pues si, la historia verdad que es muy estúpida, parece un mal cuento escrito por un pésimo escritor, de esos que no me gusta leer y serías justo de esos personajes que me dan ganas de patear. Tu "yo" a los 10-12 años me recuerda a Óscar, igual de inmaduros y todo. Si ese suceso fue el que originó la alexitimia pues me sentiría mal, por que podías haberlo evitado.
La verdad, aunque no creo que sea concluyente, yo tendría alexitimia por que respondería también, "No se" a la pregunta del cambio y mas que nada me sentiría en ese momento, pequeñísimo. Ademas no me gusta recibir afecto de mucha gente, y me cuesta demasiado expresarlo, demasiado pero queda tu tienes en el momento que te dijeron eso, algo que te le pasa a muchos niños, los descubre de la manera que no querían y al fin y al cabo todos lo acabamos sabiendo
Xavier, Tratando de imitar al Anon
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