domingo, 7 de agosto de 2022

Pensamientos dispersos sobre el cuerpo

Escrita el 28 de junio de 2021

Hola.

El día de hoy quiero hablar un poco sobre algunos pensamientos dispersos que tengo sobre cuerpo, ser, realidad y aceptación. No sé cómo enfocarlo, pero sí creo que puede ser algo de lo cual hablar desde la psicología y la filosofía. Solo que psicología no sé.

Pero también es algo que lo hablo desde mi historia personal, desde mi propio ser. Y sobre eso sí sé.

Desde pequeño he tenido un problema con mi cuerpo. Y el problema no es cómo es mi cuerpo, sino el hecho mismo de que mi cuerpo es. Me refiero a que no es un rechazo al cuerpo por ser flaco, o por tener una determinada estatura o color de piel. Creo que es una especie de rechazo más profundo y radical, el rechazo por el mismo hecho de ser cuerpo. No es que de otra manera lo pudiera aceptar más, sino que simple y sencillamente es un rechazo a toda la dimensión corporal que descubro en mi persona. Voy a profundizar un poco más diciendo el por qué de este rechazo.

El rechazo, al menos el presente en mí, creo que tiene unas causas concretas de las que soy consciente, aunque supongo que el impacto inconsciente de estos hechos ha de ser bastante grande. Cuando era pequeño no sentía este rechazo. Yo creo que comenzó alrededor de los seis años, cuando estaba en primero de primaria. El inicio de este rechazo se dio cuando unos niños empezaron a burlarse de mí porque estaba en short y playera de manga corta. Era la clase de educación física y me había cambiado para la ocasión. Los niños empezaron a burlarse de mí por la cantidad de vellos que tenía. Empezaron a llamarme hombre lobo y no sé qué más.

Recuerdo que me sentí muy apenado. No recuerdo lo que hice en ese momento. De hecho, recuerdo poco. Recuerdo la escuela y estar sentados en la cancha, no en el centro sino en una orilla, en un círculo. Recuerdo el portón, creo que color café. Recuerdo al profe Daniel. Lo que sí recuerdo es que me sentí, quizá por primera vez en la vida, humillado. El profe Daniel les dijo algo como que tener más vellos era más bueno, porque la piel respiraba más. No recuerdo mucho más, excepto que no volví a usar playera de manga corta, ni short. Sobre todo porque estas burlas se dieron también en mi familia.

De nuevo, recuerdo poco. Pero la emoción tiene buena memoria. Incluso el escribirlo me pone algo tenso, me hace suspirar un poco. Hay definitivamente algo no resuelto en estos recuerdos, algo atorado que se asoma amenazadoramente a mi vida desde algún lugar a unos 18 años de distancia cada vez que quiero mostrar mi cuerpo.

En fin, hablaba de que en mi familia también se burlaron de mí. De nuevo recuerdo muy poco. Recuerdo a Pepe, quizá a Edgar, y un partido de fútbol en el estacionamiento de la casa de mi abuelito. Creo que Pepe fue el que empezó a burlarse. No sé si Edgar dijo o no algo, pero el daño estaba hecho. Recuerdo de nuevo la palabra "hombre lobo". Es más, quizá aquí haya sido la única vez que la escuché. Lo que sé es que me arruinó la vida.

¿Quién sería yo sin esa palabra? ¿Quién sería sin esas burlas? ¿Habría sido un poco más deportista, un poco más seguro de mí mismo? ¿Cómo me trataría? ¿Cómo trataría a mi cuerpo?

He visto mi cuerpo. No sé cómo un rechazo al vello brincó rápidamente a un rechazo general al cuerpo, o a lo corporal más bien. Aunque no estoy del todo seguro que esto sea cierto también. Pero sí tengo indicios: un rechazo también al contacto físico, a los abrazos, a las caricias; un poco cuidado de la salud y mi propia apariencia; una especie de satanización de todo lo que tenga que ver con lo físico y especialmente con lo sexual, el desnudo; incluso un rechazo profundo a todo lo afectivo, que implique muestras de cariño. Es más, hasta emociones y sentimientos siguen siendo un show para mí. Y como todo lo que no trabajas te controla, parece que esto también me controla.

Me hace falta aceptar mi cuerpo, pero el cuerpo como una parte de mí, una dimensión de mi ser. Lo que quiero decir es que de alguna manera, rechazando mi cuerpo, me estoy rechazando a mí por completo. La actitud básica que tengo hacia mí como realidad, hacia mi propio ser, es siempre de rechazo y no de aceptación.

Me voy. Tengo algunas cosas qué pensar. Nos vemos.

- TréboL

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