jueves, 24 de enero de 2013

Todo va a estar bien

Cuento recién escrito en relación a la entrada de ayer. Es el cuento más corto que he escrito :O, y no me gustó tanto porque me parece un poco exagerada la psicología de los personajes, pero bueh, ahí está. A ver qué, un saludo! (:

I

«Todo va a estar bien»

El sol brillaba feliz afuera, pero por dentro él estaba quemándose.

«Todo va a estar bien», había dicho sonriendo.

Nada estuvo bien. Hacía una hora ya y él aún seguía arrojando objetos sin razón alguna hacia la pared mientras las lágrimas caían incontrolables por sus mejillas hasta el piso.

«Todo va a estar bien», lo recordaba perfectamente.

Gritaba. Él gritaba. Tampoco lo podía controlar. Sólo quería volverse loco un momento, olvidarse de todo, mandar su vida y la de los demás a la mierda. El dolor que sentía lo carcomía por dentro, era el peor dolor que había sentido en su vida. Era como si mil espadas le atravesaran al mismo tiempo.

«Tienes razón», había contestado.

No entendía nada. No quería entender nada, su único deseo era perderse en un mundo en el que nada importara, en un mundo en el que ya ni siquiera él importara. Mejor aún, en un lejano y extraño mundo en el que aún pudieran estar ambos juntos.

«Tienes razón».

- ¡TIENES RAZÓN! - Gritó a todo pulmón.

Llevaba prácticamente desde que se enteró gritando sin cesar y le ardía la garganta cada que sacaba una palabra. Su voz ya no era la misma de antes, había quedado afónico pero aún así se esforzaba por lastimarse a sí mismo con cada chillido que salía de su reseca boca.

- ¡TIENES TODA LA PUTA RAZÓN!

Agarró del librero uno de sus libros favoritos y lo arrojó con todas sus fuerzas hacia la pared. Una de las hojas del mismo se desprendió de él y cayó suavemente, como si algo mereciera caer suavemente en ese momento.

No quería seguir así. Ya no lo soportaba. No había nada qué hacer adelante, no había más camino. Nunca lo había entendido, pero ahora lo hacía. Era el precio a pagar por lo que siempre había deseado: amar.

Y había amado, y el amor lo había hecho humano, pero débil. Débil como ninguno otro.

«Tienes razón».

Nunca le había dicho cuánto lo quería, ni lo importante que era para él. Era una de las cosas que más le pesaban, y una de las que más lo hacían sentir mal. No pudo hacerlo el millón de veces que lo intentó, porque era un imbécil. Nunca le dio siquiera un estúpido abrazo. Ya era muy tarde.

- ¡TODO VA A ESTAR BIEN!

Fue su último grito antes de chocar su cabeza fuertemente contra la inmóvil pared y caer inconsciente en el piso de su casa.

II

«¿Qué tienes?», había preguntado él cuando lo vio llorando en la banca.

A pesar de que se había sentado junto a él, de manera amistosa, mantuvo la vista fija en un punto lejos de donde su amigo se encontraba. No le pasó el brazo por encima del hombro en señal de apoyo, ni siquiera le tocó. Así era él: frío, seco, directo. Insensible.

«A veces siento que todo el puto esfuerzo que hago no sirve de nada. Todo sigue igual. Sigo siendo el mismo inútil de siempre», contestó.

A él no le gustaba verlo así, decaído, triste, sintiendo que nada le funcionaba y quizá hasta abandonando sus metas. Era lo peor que podía pasarle. O, al menos, eso creía.

«Claro que no», le dijo con voz casi paternal, «tú vales mucho. Vales más que todos los problemas y puedes con todos ellos, y ya me lo has demostrado varias veces. Sólo es cuestión de seguir adelante, ya verás que todo va a estar bien. Y yo estoy aquí para apoyarte. Saldremos de ésta juntos, lo importante es seguir siempre pa' adelante».

Su amigo pareció tranquilizarse un poco ante éstas palabras. Se limpió las lágrimas como pudo con la manga de su suéter y levantó un poco la cabeza.

«Tienes razón», dijo. «Lo importante es seguir adelante. Gracias por tu apoyo, no sé qué haría sin tí. Siempre pa' adelante, pase lo que pase. Todo va a estar bien, hay que recordarlo. Tú también».

Después de eso, se levantó y se alejó como pudo sin despedirse. Él lo observó mientras se alejaba y salía del edificio sin voltear atrás, por última vez.

No hay comentarios: