jueves, 10 de noviembre de 2011

Analogías con casas (?)

Hoy venía caminando de regreso de casa de Óscar y se me ocurrieron dos bonitas analogías que usan casas, una para mí y otra para él (???????). Pero como no sé ni qué es una analogía ni cómo se relata (?????), voy a hacer dos cuentos pequeños que involucren casas y cada quien toma de ahí lo que crea conveniente para hacer un ensayo de mínimo tres cuartillas que voy a revisar el próximo jueves y vale veinte por ciento de su calificación del bimestre (????????). Bueh, aún no empezaba a darle clases a Óscar y ya se creía maestro ._..

Bueh. Dejo los cuentos después del coso de Leer más, clic ahí para leerlos o para ver muchas más letritas por ahí (?). PD: Yo sé que no están muy bien planteadas que digamos de acuerdo a las situaciones, pero bueh, no soy escritor de analogías (?).

Analogía 1

Érase una casa recién acabada de construir. Los mejores arquitectos de toda la región donde se encontraba habían puesto en ella todo lo que una casa necesita. Era muy, realmente muy linda por dentro, y la fachada exterior era preciosa también. Tenía fuera de sí muchos adornos, flores y estaban las paredes pintadas por fuera con muchos y muy distintos colores, formando las figuras más inverosímilmente bonitas.

Los arquitectos se sentían orgullosos de ella, de forma que salieron a avisarle a su pueblo que habían construído una gran casa. Quizá no la mejor, pero una casa en verdad bella. Y los arquitectos invitaron a la gente a entrar en ella. Algunas personas entraron sin problemas y admiraron cuán bellos eran los muebles dentro de la casa, y se alegraron de haber estado ahí. Hasta que, entonces, una persona intentó entrar pero tropezó y pegó en la pared. Había algunos ladrillos no muy bien sujetos justo en la parte del techo superior a donde se encontraba el hombre, que cayeron sobre él cuando éste le pegó a la pared. Y entonces los arquitectos tuvieron que disculparse con el hombre y volver a poner los ladrillos, cerrando las visitas a la casa. Al saber ahora que su construcción tenía algunas fallas, los arquitectos se cercioraron de colocar una cantidad extra de cemento en cada uno de los ladrillos para que éstos nunca más volvieran a moverse ni un poco.

Y entonces los arquitectos volvieron a salir al pueblo y avisar a la gente que ya podían entrar de nuevo a la casa, y que ésta era cien por ciento segura. Y la gente así lo hizo. Muchas personas volvieron a dirigirse a la casa y admiraron su belleza y su solidez, y salieron de ella diciendo que parecía la casa más segura que habían visto en su vida. Sus buenos cimientos y la nueva capa de cemento aplicada a tiempo sin duda habían contribuido a ello.

Fue pasando el tiempo, y ocurrieron otros accidentes diferentes. La gente que entraba tropezaba a veces y golpeaba la pared, pero ahora nada se movía ahí adentro y todos hacían como que no había pasado nada. La gente entraba también con comida y, ocasionalmente, manchaba algunas cosas. Y dado que no había nadie que limpiara la casa, ésta se quedaba manchada. Los arquitectos se habían olvidado de cuidar su creación.

Y entonces llegó Halloween. Unos niños, ignorando que no vivía nadie en la casa, fueron a pedir dulces. Y como nadie les abrió la puerta, aventaron huevos a las paredes, manchando todo el decorado y algunos adornos extra que la casa tenía. Y la casa, que por arte de magia había cobrado vida (????), decidió, después de que los niños se fueran, guardar dentro de sí todo lo que tenía afuera que fuese de valor, para que nadie nunca más volviera a ensuciarlo. Y así, la parte exterior de la casa quedó manchada de huevos y sin ningún otro adorno.

Y por dentro era todo un desorden. Había metido más cosas de las que le cabían, y éstas ocupaban tanto espacio que ya no se podía entrar. Cuando las personas que ya conocían la casa quisieron volver a entrar, asombrados por el cambio exterior en ella, no pudieron. Les estorbaban unas lindas macetas ahora llenas de cascarones rotos y una sillita de madera que antes servía para sentarse a descansar afuera y ver el sol, y un buzón que, antes, estaba afuera y servía para que la gente dejara su opinión acerca de la casa.

Viendo la gente que ya no podía entrarse más en la casa, y que ésta era ya completamente inútil dado que las manchas originadas hacía un tiempo y el montón de cosas que había dentro estaban empezando a traer plagas, decidieron tumbarla. Y, después, con los restos harían otra nueva casa igual a esa, o incluso mejor. De forma que trajeron una maquinaria enorme y golpearon muy, realmente muy fuerte en la casa. Pero la capa extra de cemento que los arquitectos habían puesto era más fuerte que todo, y hacía que la casa no se moviera. Volvieron a intentarlo, y volvieron a hacerlo, pero nada pasaba. La casa seguía en pie, incapaz de caerse. Probaron con dinamita incluso, pero nada pasó. El cemento se había endurecido a tal grado que no podía dejar a la casa caerse, y, por eso mismo, la casa no podía ser reconstruida.

Entonces los bichos de la casa empezaron a salir y causaron una pequeña plaga en el pueblo. Y la gente del pueblo se enojó con la casa, a pesar de que no era su culpa, sino precisamente era la culpa del pueblo por entrar con comida y manchar a la casa. Pero la casa sabía que tenía que hacer algo, no podía dejar que el pueblo sufriera por ella. Y, entonces, ella misma cerró su puerta por dentro y le puso seguro. De esa manera nadie nunca más podría entrar ni salir, ni siquiera un bicho. La casa tendría que estar aguantando para toda la eternidad a los muebles apretados contra sus paredes, a los bichos caminando dentro de ella, pero no podía hacer nada más. Nada más.

Analogía 2

Érase una vez un señor que vivía en una casa grande y bastante descuidada. Al señor no le gustaba mucho la idea de limpiar, y por eso su casa estaba sucia y muy mal ordenada. El señor tenía muchos amigos a los cuales quería invitaba a su casa, pero una vez que éstas personas veían cómo estaba su casa por dentro, no querían regresar nunca más y se enojaban con él, y se negaban rotundamente a volver a acompañarle a su casa.

De forma que el señor, cuando eran pocos los amigos que le quedaban ya, decidió limpiar su casa. Le costaba mucho trabajo, y no lo hacía del todo bien, pero estaba intentando. Estaba intentando.

Se lo contó a un amigo, y éste decidió ayudarle. Entre los dos iban, poco a poco, limpiando la casa, hasta que un día estuvo más o menos aceptable. No era la casa más limpia del mundo, pero por lo menos se veía mucho mejor que al inicio. Y eso lo habían hecho en unos pocos días.

El señor empezó a sentirse orgulloso de su casa y empezó a cuidarla un poco más, y cuando pensó que ya estaba suficientemente limpia, se animó a invitar a sus antiguos amigos a una fiesta ahí, diciéndoles que había limpiado la casa y que se asombrarían de ver cómo estaba ahora.

El señor compró muchos refrescos y mucha comida para todos, y esperó a que llegase la hora de la fiesta. Pero, cuando llegó esa hora, únicamente estaban dos personas ahí: él y la persona que le ayudó a limpiar.

Así que el señor fue llamando por teléfono uno a uno a todos sus antiguos amigos y les preguntó por qué no habían asistido a su casa. Y la gente le contestó que no le creía que hubiera limpiado nada, y que no tenían ganas de ir a su casa porque ellos sabían que seguiría igual de sucia. El señor les dijo que no, que ahora estaba limpia, pero nadie le creyó.

Y, entonces, el señor se preguntó para qué estaba limpiando, si de cualquier forma nadie iba a volver a ir a su casa. Y dejó de limpiar.

TréboL

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