Hoy fue la última clase que voy a tener estando en Secundaria. Fue la clase de Formación Cívica y Ética, con nuestra Asesora de grupo. Dayany empezó a llorar (de nuevo, y ahora más fuerte) antes de que la clase terminara, y la maestra Lolis (que es una de esas maestras a las que todo el grupo dice que odia, pero en el fondo la quieren) la abrazó, y dijo solemnemente:
Hoy es su último día de clase como grupo. Es el último día en que se verán a todos como un grupo, y ésta ha sido la última clase. Es bonito, y me da mucho gusto, ver que una compañera llore, porque significa que ella los quiere a todos y a cada uno de ustedes lo suficiente como para que le duela la despedida. Decir adiós siempre es difícil, y siempre duele, pero así es la vida. Cada quien debe seguir por su propio camino, tomar diferentes retos individualmente. Quizá nunca vuelvan a ver a algunos de sus compañeros, otros se cruzarán en sus caminos dentro de un tiempo de nuevo. Así que ya saben. El resto de la clase pueden quedarse aquí a arreglar todos los asuntos que quieran con sus compañeros.
Extrañamente, y estoy MUY molesto conmigo mismo por eso, yo NO me puse triste. Soy un idiota sentimental que siempre está buscando la más mínima excusa para ponerse a llorar, pero... ahora no. No sé qué demonios me pasa. Simplemente no tenía ganas de llorar. He estado con tres de esos compañeros durante nueve años, con Erick he estado desde hace 7, con Cristina 6, con Pedro 5... con la mayoría de los demás he estado tres años completos. Bueno, con Bere y con David Muratalla (Mutaraña :D) dos únicamente. Con Canguro uno nada más. Pero igual. Me siento mal porque sé que no me va a doler, no lo que debería, el separarme de ellos. Quizá lo resienta, pero sé que no lo voy a resentir en la medida en que otros, como Dayany, lo harán.
Tengo la teoría de por qué me pasa ésto, claro. Me encanta elaborar teorías acerca de por qué me pasan cosas, pero no sé. Quienes me conozcan bien estarán enterados de una historia que me ocurrió no tan recientemente, pero que me pasó, y que me ha dejado... mal, por decirlo de alguna manera. En cierta parte, esa historia es la responsable de la obsesión que ahora tengo con Óscar (recuérdenme hablarles de él de nuevo en un momento, tengo algo que contarles ^^). Esa historia la he contado muchas veces ya, pero no la cuento a todo el mundo. La escribí, en su momento, con muchísimos detalles en 750words.com (btw, entren ahí, es buen servicio (no, no me pagan por la publicidad (?))). La he contado por chat... no sé, seis o siete veces a lo mucho. A ver, esperen. Una vez, dos, tres... cuatro, pero esa no fue tan detallada (?)... la cinco empecé a contarla pero no la terminé... la seis también... en fin, por ese número van las veces que la cuento por chat. En la vida real creo que sólo la he contado una vez, a José David, que era mi mejor amigo y ahora no me cae tan bien. Lástima, los próximos tres años los voy a pasar con él.
Pero bueno, ya dije. Quienes me conozcan bien sabrán esa historia, y, si la saben, que sepan que yo he depositado una confianza total en ustedes, porque esa historia no se la cuento a muchas personas, aunque me gustaría hacerlo. Lógicamente, todos tienen (tenemos) necesidad de expresar nuestros problemas. Psicológicamente interesante, claro. Ah, pero iba a decir: quienes me conocen bien saben esa historia, pero quienes me conocen aún mejor saben otra historia que pasó hace mucho, algo sobre... sobre alguien más. Algo anterior a la historia de la que hablé hace apenas un momento. Algo que aún tengo metido en la cabeza, y que dentro de unos meses volverá a empezar. Si no recuerdo mal, esa historia la he contado únicamente tres veces, y únicamente por chat. Sin embargo, sólo una de esas veces ha sido lo suficientemente detallada como para que alguien se diera cuenta de la magnitud de lo que eso me afectó. A la persona a la que se lo conté así, cuyo nombre no voy a decir, quiero darle las gracias por tener el tiempo suficiente para escucharme, por... por todo. Yo sé que a veces no le doy la importancia que se merece a esa persona, y aún así, le agradezco por seguir conmigo. Hasta el final del camino.
En fin, iba a explicar la teoría. Los tres que conozcan la historia que casi no he contado, entenderán mejor. Hace mucho, me pasó algo. Yo tenía un amigo. Un buen amigo. De los mejores (?).
Hace tiempo un amigo llegó de la nada,
se quedó, aquí estuvo, un rato bien me acompañó
Luego, obstáculos, problemas, daños, juntada...
Por otro camino él se fue, adiós. Se separó
No sé, se me ocurrió de repente. Hoy fueron unos poetas a la escuela, pero ya hablaré de ello después. Y sí, sí sé que soy pésimo con la poesía, pero no importa porque no lo escribí para que sonara bien, simplemente quería relatar la historia de una manera muy... sin detalles. Pues bien, eso. Y esa separación, que podría bien considerarse la primera que tuve en la cual estuve plenamente consciente de lo que era, la vengo arrastrando desde hace años y no la he podido olvidar. Me dolió bastante, me sigue doliendo. Y, desde entonces, decidí que ninguna otra separación me dolería. Me cierro a la gente, intento no acercarme sentimentalmente lo suficiente a alguien como para que decirle adiós me duela. Porque no me gusta. Intento siempre... no sé, parecer un idiota sin sentimientos, un estúpido ser que nunca llora ni se pone triste. Una máquina. Y, de tanto intentar parecer que soy eso, quizá he terminado convirtiéndome en un imbécil que no va a ponerse triste por separarse de alguien con quien ha estado nueve años junto. No sentí absolutamente nada cuando, hace dos años, un amigo con el que había estado desde el kinder se cambió de escuela. Eso eran nueve años también. Y él, durante mucho tiempo, fue mi mejor amigo. No, no tengo mejores amigos. Olviden también lo que dije de José David, que dije que era mi mejor amigo. No los tengo. Simplemente hay gente que me cae mejor que otra.
En fin. Miedo a ser herido que produce una limitiación de la capacidad para sentir afecto hacia personas que sabes que en algún momento de tu vida debes dejar ir. El problema sería qué hacer cuando piensas que no necesitas dejar ir a una persona, y entonces confías en él completamente, le tienes un gran afecto como amigo, quizá como no le habías tenido a ningún otro amigo antes. Porque sabes que puedes confiar en él para cualquier cosa, porque... porque eres idiota. Te has dejado engañar, y por segunda vez. Porque esa persona también se va, y te vas a quedar como antes de nuevo. Ni el más tonto de los animales cae dos veces en la misma trampa, y te ha tocado a tí caer de nuevo. Y probablemente caerás otra vez, y otra, y otra, hasta que o te quedes parado sin caminar para no toparte con más trampas, o en una de esas caídas te rompas la cabeza y mueras por un derrame cerebral, que no sé si te puede dar por una caída fuerte pero no sabía qué decir. Pero, hablando de eso, cualquiera de las dos cosas es mala. Uno debe seguir avanzando, sin miedo a lo que pueda pasar. Claro, es fácil decirlo.
Conclusión: no desarrolles afecto por nadie y así no vas a caer en trampas nunca más en tu vida. Y... ahora me dan ganas de seguir escribiendo, pero no puedo (?). En fin, voy a hacer una tercera parte luego. Ésta la dejo aquí, en ésta conclusión tan mal hecha e inconclusa, ya que pensaba seguirla más, desarrollarla más.
Un saludo.
~TréboL~
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