A veces me pregunto qué me mantiene aquí, de pie.
Ustedes se habrán dado cuenta de que soy probablemente la persona más frágil y más... no fría, sino más bien... insensible (por decirlo de algún modo) que hay en el mundo. No es un título que me guste cargar, ni uno que quiera mantener ni que me sienta orgulloso de tener. Es complicado.
Y trato una y otra y otra y otra vez de cambiar, y ya hago ésto aquí y ya hago ésto más para allá, ya trato de una forma y trato de otra y otra más y... simplemente no.
A veces me pregunto por qué sigo intentándolo. A veces pienso que es imposible quizá, o que simplemente hay cosas para las que no fuí hecho, y una de ellas me parece que es amar.
No puedo hacerlo.
Llevo años tratando, miren. Aquí hay un registro detallado de mis primeros intentos, y yo conservo en mi memoria el recuerdo y el desagradable sabor del fracaso de los intentos posteriores. Aún recuerdo pequeños rayos de esperanza, pequeños pedazos de mi vida en los que parecía que todo iba bien, que podía salir, que ya estaba casi afuera. Y entonces algo pasaba.
Me siento la persona más idiota del mundo. ¿Quién es tan inseguro de sí mismo que no puede ni siquiera dar un puto abrazo? Que ni siquiera puede usar una camisa de manga corta.
Te la pasas examinando la vida, estudiándola, estudiando cada momento, cada acción, cada persona, porque te da miedo ser parte de esa vida, de ese momento. No puedes dejar de estudiar lo que es una manifestación de afecto, por qué se da y cómo la dan las personas a tu alrededor. Sabes de eso probablemente muchísimo más que cualquier persona a tu alrededor, porque durante años no has hecho nada más que estudiar y filosofar en base a eso. Pero... ¿de qué te ha servido? ¿De qué te sirve todo ese pensamiento profundo si no eres capaz de vivirlo, de disfrutarlo? Al final no se trata de conocer, se trata de disfrutar. Mejor sería que fueras alguien normal, alguien como... como cualquier otra persona, que no se detiene a reflexionar sobre cosas tan nimias como el movimiento de una mano sobre la espalda de la otra persona al dar un abrazo (¿debe ser de arriba hacia abajo? ¿qué tanto? ¿cuánto tiempo? ¿o debería quedarse quieta? ¿o debería no estar tocando la espalda? ¿y si uno se siente estúpido mientras lo hace? ¿eso es normal?), y no la computadora que estudia todo, porque tiene miedo a vivirlo.
¿A qué tienes miedo? Porque es eso, ¿no? Tiene que ser miedo. Es la única explicación posible.
¿A qué tienes miedo?
¿A que te hagan daño? No lo creo. ¿A que se burlen? ¿Me puedes decir QUIÉN PUTAS SE VA A BURLAR? ¡MÍRALOS! ¡TODOS HACEN LO MISMO, ES NORMAL, CARAJO! ¿QUIÉN SE VA A BURLAR, EH?
¿A qué le tienes miedo? ¿O en serio no quieres de verdad saber por fin quién eres y qué puedes hacer? ¿Es eso? ¿QUÉ ES?
Pff, mira. Ni siquiera sabes por qué no cambias. Bonito psicólogo ibas a ser, ¿eh? Y bonito sacerdote vas a ser si no puedes decirle un "te quiero" a nadie. Bonito sacerdote vas a ser estando enojado contigo mismo. De por sí ya eres un gruñón, no quiero saber qué va a pasar si sigues así.
No quieres que la gente sepa quién eres, ¿verdad?
Te crees que eres muy poco, ¿no? ¿Es eso acaso? Tienes miedo de que la gente sepa quién eres en realidad, ¿no? Eso tiene sentido. Te sientes una mierda. Como si no valieras para nada. Y bueno, es que quizá mucho tiempo así fue. Siempre eres el tipo estúpido que va y la caga, ¿no? El bueno para nada. El que nadie quería, con el que nadie se juntaba.
No entiendo qué cambió. Antes era lo mismo, y antes, mucho antes, eras feliz. ¿O será acaso que estás exagerando todo, como siempre? Como el ejemplo ese de la licuadora que le contaste a Mayoli cuando terminó con su novio.
No sé.
Es tan simple como una decisión. Así de fácil es, y no lo haces. ¿Qué necesitas? ¿Qué tiene de malo que la gente sepa quién eres? Que te conozcan, así, seas como seas. No serás la persona más inteligente, ni la más ágil (de hecho eres muy torpe con los movimientos), ni la mejor en nada, pero... oye, así eres. El resto de gente tampoco es perfecta, también tienen defectos... al resto de gente no le importa. Es más, el resto de gente va abriéndose al mundo y a los demás como si cualquier cosa, no les importa nada! Ah, claro... pero ellos son seguros de sí mismos. Tú no.
Es tu problema principal, ¿no? ¿Y por qué no eres seguro de tí mismo? ¿Y por qué no quieres que los demás te conozcan? Pues porque no sientes que eres lo suficiente. Nunca nadie te dijo que valías ni siquiera un poquito. De hecho, siempre fue lo contrario.
Bueno, genial, ¿no?
Quizá sinceramente no fuí hecho para éstas cosas. Quizá haría mejor en alejarme de todo y de cualquier intento por mejorar en ese aspecto. Creo que después de dos años ya está claro que no puedo hacerlo.
Yo nunca tuve amigos cuando fuí chico. Creo que si hubiera tenido al menos uno, la cosa habría sido completamente distinta. He ahí la importancia de una amistad desde niño, o de cualquier tipo de relación. Me habría encantado tener alguien con quién compartir mi vida, mis juegos también quizá, que por entonces se limitaban a videojuegos ya que nunca tuve a nadie más con quién jugar. Pero, ¿saben algo más? Me habría encantao tener alguien que me hiciera sentir que era útil, alguien que se divirtiera conmigo, alguien a quien le gustase estar a mi lado. Eso lo habría hecho todo perfecto.
A veces me pregunto qué me mantiene de pie, y ya encontré la respuesta. Nunca había sabido qué era un amigo, qué se sentía saber que eras importante para una persona, que había alguien que te valoraba y que estaba dispuesto a escucharte y a apoyarte. Nunca había sabido qué significaba que a una persona le gustara en verdad estar contigo, porque a nadie nunca le gustó estar conmigo. Pero hoy lo sé.
Por ahí regadas hay algunas pocas personas que en serio disfrutan estar conmigo, que me han aceptado así como soy, sin juzgarme, sin... sin hacerme sentir menos. A ellas (pero sobretodo a Dios que las cruzó en mi camino) de verdad les debo aún seguir aquí, de pie. Todos los momentos en que de verdad me he sentido feliz y querido ha sido gracias a ellos. Y eso es algo que nunca voy a poder terminarles de pagar.
No tengo ganas de pensar en nada, además de que mis padres llevan hora y media corriéndome de la computadora. Como siempre, claro. Quizá algún día se lleguen a enterar de algo, pero no ahora. Además, ni siquiera creo que les interese. Como si no hubieran pasado ya cuatro años de mi vida sin que ellos se enteraran de nada.
A ver qué.
No sé si voy a trabajar en algo o no. Probablemente lo decida en un momento con menos estrés y muchas menos cosas qué hacer. Pero en serio me deprime no poder hacer cosas que veo tan comunes en los demás, que ni siquiera les dan importancia. Por eso afortunados ustedes si pueden, no le resten importancia a ninguna manifestación de afecto que hagan, por pequeña que sea. Quizá alguna persona esté deseando fervorosamente hacerla también con alguien más, pero no se atreva.
Debo irme.
TréboL
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